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Trigueros Visto desde Arriba

martes 27 de octubre de 2009 0 comentarios
Asi es Trigueros visto desde arriba

Monumentos

lunes 26 de octubre de 2009 2 comentarios

El Convento de Nuestra Señora de Consolación de Trigueros (Convento del Carmen)

En el conjunto monumental de Trigueros destaca el exconvento de Ntra. Sra, de Consolación. Este antiguo cenobio de religiosos carmelitas calzados preside hoy una espaciosa plaza de la localidad, popularmente denominada del Carmen. Su fundación tuvo lugar en el primer cuarto del siglo XVI. Con tal motivo, el padre Gonzalo Ruiz tomó posesión de la ermita de la Virgen de Consolación, extramuros de la villa, en noviembre de 1522. Al principio, entretanto se construía el nuevo convento, la comunidad utilizó dicha ermita para celebrar el culto divino. De ahí que aún hoy reciba culto, en la actual iglesia, Ntra. Sra. de Consolación, titular de la antigua ermita y del nuevo convento. 

 
Durante el siglo XVIII, la comunidad carmelita de Trigueros alcanzó su máximo esplendor. Así, por ejemplo, en 1721, el visitador general del Arzobispado reseña que: “La comunidad de el Carmen se compone de 16 religiosos, no es rica pero lo pasan con decencia, y está muy aseado y nuevo el convento, y los religiosos se portan como tales. Su prior es Mestro muy docto y vituoso, se llama fray Felipe Santiago Carrasco”. A partir de esta fecha, comienza una lenta pero irremediable decadencia. El convento se extinguió con la desamortización. En consecuencia, Madoz, en 1849, ya lo cita como exconvento carmelita.

Sin embargo, el edificio, bastante alterado, ha llegado hasta nuestros días. Justifican, en buena medida, las múltiples modificaciones y reformas habidas en su fábrica, los daños provocados en ella por agentes geológicos o atmosféricos o simplemente por el abandono que sufrió un duro quebranto. Sobre el particular recoge el informe parroquial emitido a raíz del mencionado seismo que “La bella Iglesia del convento de Nuestra Señora del Carmen de esta villa quedó su capilla mayor cuarteada, abierta y desgajada por toda sus tres fachadas, y toda la techumbre, y campanario muy mal tratado, y la vivienda cuarteada e inhabitable”. 

Tras la desamortización, la residencia conventual pasó a propiedad privada. Para adaptarla a su nueva función se acometieron ciertas reformas que desvirtuaron su antigua distribución. Fué utilizada sucesivamente como bodega y vaqueriza. La Iglesia, por el contrario, quedó abierta al culto, conservando íntegro casi todo el patrimonio artístico. Un siglo más tarde, en los dolorosos sucesos de 1936, expoliaron el templo. Mermaron su ajuar litúrgico. Afortunadamente, al igual que corurrió en la parroquial, los fieles consiguieron salvar las imágenes y algunos objetos de valor. 

Por último, el movimiento sísmico de 1969 también produjo daños de consideración en el recinto eclesiástico que estudiamos. En esta ocasión la zona más afectada fué el crucero cuyas bóvedas laterales se desplomaron, destruyéndose incluso bajo los escombros el retablo situado en el ala derecha del mismo. 

No obstante, a pesar de los avatares relatados, el conjunto conventual del Carmen de Trigueros permanece en pie, aunque alterado en su planta original y empobrecido en su aspecto ornamental. Aún así, quedan perfectamente diferenciados el sector residencial y el templo.
La antigua residencia conventual se dispone en torno a un claustro central. Actualmente ya no se distinguen las diferentes estancias de la clausura. El patio consta de dos plantas superpuestas. El cuerpo bajo presenta dos flancos con cinco arcos de medio punto sobre pilares con impostas. Y los dos restantes tienen solo cuatro. Todos los arcos estan provistos de rosca y en el centro sendas pilastras adosadas. Los pilares lucen en el centro sendas pilastras adosadas. Sobre ellas discurre el entablammento. 

El cuerpo superior del claustro reproduce la estructura arquitectónica del inferior, a excepción de sus arcos que son rebajados y doblados. De esta forma, los respectivos elementos del conjunto se relacionan unos con otros, motivando un todo coherente y orgánico. En el centro del patio hay una aljibe. Las galerías que lo delimitan por sus cuatros costados lucen techumbres lígneas. Son planas y muy sencillas de formato. Sobre sus vigas paralelas y muy sencillas de formato. Sobre sus vigas paralelas se dispone directamente la tablazón. Es. pues, una obra de carpintería de indudable factura popular.
En el ángulo noroeste se abre paso un arco rebajado sobre ménsulas que accede al arranque de la escalera que enlaza las dos plantas del claustro. Esta se trazó adosada al muro en ángulo recto. Su barandal fué labrado en madera. En el piso alto se disponían originalmente las celdas, arruinadas por completo en la actualidad. 

El ingreso desde el exterior se efectúa a través de un aplio zaguán. Conforme entramos en el claustro a la derecha, sobre el paramento, se halla una lápida de marmol que reza así: “A LA DIGNISIMA SEÑORA DOÑA SALUD DE BERGES VIDES, VIUDA DE DON JUAN VIDES ALAMO, A CUYAS EXPENSAS POR AMOR A LA VIRGEN DEL CARMEN Y A LOS POBRES, SE FUNDO ESTE COLEGIO PARA NIÑAS, BAJO LA TUTELA DE LAS HERMANAS CARMELITAS DESCALZAS MISIONERAS. EL PUEBLO DE TRIGUEROS EN TESTIMONIO DE RECONOCIMIENTO Y GRATITUD XXIV – VI -MCMXLIV”. 

En efecto, esta lápida testimonia la última función del edificio. En 1944, doña Salud Berges reconstruyó el inmueble y trajo una pequeña comunidad de religiosas carmelitas misioneras para que se dedicara a la educación de niñas. De esta suerte el convento fué objeto de ciertas obras que mejoraron y consolidaron su abandonada y mutilada fábrica. Este colegio femenino permaneció abierto hasta hace pocos años, en que las religiosas se trasladaron a un nuevo edificio, más funcional. Desde entonces, el exconvento carmelita de Trigueros se ha sumergido en un nuevo paréntesis de silencio.
El templo se extiende adosado al convento por el flanco septentrional. Presenta acorde con la tipología tradicional de iglesias conventuales, una sola nave, crucero y capilla mayor. Se abrió al culto, por primera vez, el día de la Encarnación del año 1596. 

La nave, espaciosa, se cubre con techumbre mudéjar en forma de artesa con cinco tirantas que apean sobre otros tantos pares de canes situados en la solera. El sotocoro, ubicado a los pies del templo, presenta un artesonado de tres paños con decoración de casetones, puntas de sierra y elementos geométricos pintados a base de círculos y rectángulos. Tanto esta cubierta como la anterior reflejan el gusto imperante en la carpintería de fienes del quinientos. 

Al coro alto, provisto de gran ventana coral para iluminar el interior, se accede gracias a una escalera de caracol adosada al muro izquierdo. El antepecho del coro está labrado también en madera.
El crucero sobresale al exterior. El tramo central se compone de cuatro arcos de medio punto que reciben la consabida bóveda semiesférica sobre pechinas. Ocho pilastras se unen en la clave de la media naranja y la subdividen en ocho cascos que se perforan alternativamente con vanos cuadrilobulares. 

Las alas del crucero ostentan bóvedas de cañón con lunetos cuyos moldurados perfiles apean sobre sencillas ménsulas angulares. Las bóvedas antiguas sucumbieron en el terremoto de 1969. De inmediato se construyeron las actuales que reproducen las anteriores. Este espacio se ilumina mediante dos vanos laterales con vidrieras polícromas. 

La capilla mayor, acabada en testero plano, se cubre con bóveda de cañón y lunetos festoneados de pinjantes, elemento ornamental que denuncia la estética de la segunda mitad del siglo XVIII. Recordemos que a raíz del terremoto de 1755, según hemos probado documentalmente, este sector del templo quedó muy arruinado. Motivo por el cual hubo de rehacer la capilla mayor y dotarla de un nuevo retablo. 

Al presbiterio se sube por tres escalones decorados con cerámica azul y blanca, muy del gusto de la época. En el costado izquierdo hay una puertecita que comunica con una pequeña sacristía provista también de sencilla techumbre lígnea. Desde una estancia se puede ingresar directamente en el antiguo convento. Como dependencia auxiliar del templo podemos mencionar una pieza de planta rectangular, hoy utilizada como almacén, a la que se ingresa por el ala izquierda del crucero.
Los retablos que se conservan en la iglesia son: el retablo mayor, fechable hacia 1800; el de la Inmaculada, realizado por el estuquista Ramón Correa en 1942; el de Ntra. Sra. de Consolación, antigua titular del convento; el del Crucificado y el de Animas. Estos dos últimos estan instalados en la nave del templo, uno frente al otro. En el primero hay una talla del Crucificado del siglo XVI. Y en el de Animas se exhibe un lienzo con la Virgen del Carmen sacando a las ánimas del Purgatorio. Dicha pintura está firmada por “CORBALAN, ME FÁCIEBAT, 1783″. Este último retablo fué ejecutado en 1942, por el tallista Manuel Gómez Carnacea. 

Finalmente, debemos reparar en el exterior del edificio. La sobria distribución de su aspecto interior determina la expresión volumétrica del mismo. Por ello, observamos un predominio de la línea recta en los perfiles y del planismo en las fachadas. 

El imafronte del templo se remata con un alero, horizontal, sobre canecillos o modillones. Sobre el paramento encalado resalta la portada. Se compone de dos pilastras dórico-toscanas, una cornisa, también sobre cancecillos, y un frontón curvo partido con moldurón central.
Contiguo a la iglesia hay un cuerpo del edificio coronado por la espadaña. Ignoramos su función durante la etapa conventual. Tras la desamortización fué utilizado por los nuevos propietarios como palco para contemplar las carreras de toros que animan los festejones populares de Trigueros al finalizar la recolección del verano.

La espadaña, tan propia de la arquitectura conventual, es un modesto ejemplar. Su severa composición se recorta nítidamente sobre el azul del cielo. Consta de tres vanos de medio punto, separados por pilastras dórico-toscanas. El ático central con frontón triangular queda flanqueado por dos aletones, en cuyos extremos hay restos cerámicos de sendos remates. El frontón tambien posee en cada vertiente un remate de barro vidriado y en el vértice superior un pedestal con una cruz de cerrajería. Es digno de mención el ornato del basamento de la espadaña realizado a base de placas rectangulares en resalto. 

Por último, aunque brevemente, tenemos que reparar en la fachada del convento, prácticamente rehecha en la restauración efectuada en el inmueble por Doña Salud Berges en 1944. La portada, de sencilla traza, presenta dos pilastras, esquemático entablamento y frontón triangular partido, que centra el ático también con frontón partido y remate ochavado al centro. En el ático se expone un paño de azulejería sevillana que reproduce a la Virgen del Carmen entregando el escapulario a Santa Teresa y a San Juan de la Cruz, reformadores del Carmelo. Esta cerámica, firmada por A.M.A.S., fué realizada recientemente en la fábrica de “Mensaque Rodríguez y Cía. Triana”. 

En líneas generales la fachada adquiere un acierto desarrolo longitudinal. Los paramentos exteriores, como es usual en toda Andalucía, se encalan por imperativo del largo y cálido verano. Tan luminosa fachada, blanca de cal y de sol, aparece ennoblecida no sólo por la portada anteriormente descrita, sino también por las rejas de las ventanas. Su herraje constituye, por sí mismo, una nota de elegancia y buen gusto en el total resultante. 


Taller de historia local: Objetivo, Casa y Capilla de la Orden de Calatrava

1.- ORGANIZACION DE LA SALA
Sabiendo ya que íbamos a preparar la salida de campo correspondiente al tercer objetivo, el compañero Toni habló con su padre (Damián Gonzálvez) dueño de la capilla-bodega para que nos facilitara la entrada.
 
Nos vimos en el taller a las 3, teniendo ya las llaves y alguna documentación previa. Llovía intensamente mientras preparábamos el guión que nos permitiera aprovechar mejor el tiempo durante las observaciones. A las cuatro menos cuarto aún no había dejado de llover, por lo que decidimos repartirnos por parejas según los paraguas que teníamos. Un poco mojados, y con José Antonio de cronometrador del tiempo de camino, salimos.
2.- ITINERARIO
En parejas, forzados por la lluvia, recorrimos las calles que unen el Colegio con la Capilla.
Pronto Toni abrió la gran puerta que nos comunicó con ese mundo mágico de olores mezclados de monjes añejos, letanías medievales y mosto nuevo.
Curiosamente unidos, leyenda becqueriana y nacimiento del vino.
3.- OBSERVACION DEL LUGAR ELEMENTOS ARQUITECTONICOS
Nada más entrar, leímos colectivamente los textos y documentos que poseemos, para ambientarnos. Como mesa de lectura, un barril; como telón de fondo, el altar de la capilla. Inmediatamente y por grupos, comenzamos a observar y tomar datos en los cuadernos de campo.
“En la puerta, por dentro, se distinguen 2 arcos de medio punto tapados, más altos que el actual, convirtiendo la puerta de capilla en puerta de bodega”.
“La nave de la capilla está jalonada de arcos ojivales que presentan una curiosidad, parecen adaptarse al cejo de la calle, de tal manera que el punto de comienzo de uno de los laterales está alineado con el final del otro lado”. “Todos los arcos son diferentes”.
“Los muros son gruesos, pero en muchas partes parecen modernizados, probablemente cuando el lugar fue almacén de grano. Los techos de madera, también parecen renovados”.
“Al fondo, el fue altar, presenta en su parte superior, una ventanita ojival de iluminación, medio tapada por obras más modernas. A ambos lados, restos de madera en los muros, quizás para sujetar imágenes. A la derecha una puerta tapada. ¿Es la comunicación con la casa-vivienda de los monjes-caballeros?.
“Más allá de la Capilla y después de construcciones nuevas que pertenecen a la bodega, hay como otra especie de puerta con arco y características similares a la de entrada”.
Posteriormente, organizamos otra salida de campo a la Casa del Telar (colindante con la Capilla), a partir de una entrevista realizada por Filo, Toñi, y José Antonio a su propietario (Carlos Villa-Landa). Durante esta visita fuimos informados de la posible situación del torreón destruido por el terremoto de Lisboa y de la existencia de la Casa de la SILLA, situada en la otra acera y que servía de lugar de pago de los impuestos.
Pudimos observar y dibujar en la Casa del Telar unos forjados de la época: Cruz de Calatrava y un adorno en la puerta.
La casa fue transformada tras los efectos del terremoto, pero creemos que sus gruesos muros y los forjados son indudablemente de la Casa de la Encomienda.

HIPÓTESIS HISTÓRICA
Repasando los textos y documentos que poseemos y tras la observación del lugar y las entrevistas, pensamos que la Capilla perteneció a la Orden de Calatrava, fundada en 1158 (curiosamente el mismo año de la muerte del rey de Castilla Sancho III y la coronación de su hijo de 3 años Alfonso VIII, el de las Navas de Tolosa) para reemplazar a la Orden del Temple en sus tareas defensivas en la zona fronteriza con la amenaza almohade.
Su llegada a Trigueros se produjo tras la conquista del reino taifa de Niebla por Alfonso X el Sabio, el cual debió encomendarle la defensa y el orden a cambio de privilegios.
Casas, Capilla, Torreón, Cuadras y Graneros sufrieron los embates del terremoto de 1755 y sus restos podemos verlos en la calle LA ORDEN, de significativo nombre.

La Iglesia Parroquial de San Antonio Abad y sus orígenes históricos

El origen histórico de nuestra Iglesia Parroquial es algo que aún no está totalmente esclarecido, pues hay distintas teorías con respecto a él. Aquí, basándonos en documentos escritos, vamos a tratar de aportar alguna nueva idea acerca de esta incógnita. 

 
D. Rodrigo Amador de los Ríos en su obra “España - sus monumentos y artes - Huelva” (1.891), nos habla de Trigueros como de una villa de gran fama: “En ella existió, en los días de la dominación de Roma, otra cuyo nombre nos es desconocido. Estaba situada en una espaciosa y fértil campiña hasta donde llegan, entrecortándose, las derivaciones de Sierra Morena y cuyos terrenos fecundan las aguas de la rivera de la Anicoba” Refiriéndose a la Iglesia, dice “No falta quién afirme que su iglesia parroquial, dedicada a S. Antonio Abad, es el templo que en forma de casa fuerte edificaron los Templarios, a cuya Orden Militar dicen que por tradición consta haber pertenecido esta villa. Nada hay que justifique al presente esta aseveración, pues aunque la iglesia parroquial es reputada obra del siglo XIII, habiéndose hundido en el terremoto de 1.755 ha sido completamente reformada, y no se conserva rasgos ostensibles que permitan el supuesto”. 

En la revista-programa de las fiestas del Santo de 1.945 encontramos un artículo: “Apuntes inéditos del pbro. Dr. Manuel Sánchez Santiago, fallecido en 1.940″; en él se pone en duda el origen de la iglesia parroquial. Textualmente dice: “Ignorándose hasta hoy la fecha de su construcción. D. Antonio Delgado en su “Bosquejo histórico de Niebla” citado por Amador de los Ríos, afirma que es obra del siglo XIII. Sin fundamento serio han supuesto algunos que se trata de un templo romano; y otros, sin que lo abonen vestigios históricos ni arquitectónicos, llegaron a afirmar que fué templo fortaleza de los templarios”.

D. Fernando Belmonte, esclarecido hijo de esta villa e ilustre arqueólogo y académico sevillano, no se hizo eco de estas afirmaciones, aunque tampoco consiguió fijar fecha alguna en sus apuntes históricos sobre este tema.
En los apuntes inéditos de D. Manuel Sánchez se cita también en la obra del P. Ángel Ortega “La Rábida, tomo I” (editada en Sevilla en 1.925), donde se atribuye la construcción de esta iglesia a D. Enrique Pérez de Guzmán, II Conde de Niebla (1.396-1436). Los cronistas, sin embargo de las casas de Niebla y Medina-Sidonia parece que se refieren a una fortaleza que hubo de reedificarse en el sitio conocido por “el castillo” de cuya pieza no queda nada a la vista. 

Rodrigo Caro en su obra: “Antigüedades y principados de Sevilla, 1.634″ escribió de ella lo siguiente: “La iglesia que sirve de Parroquia en la villa de Trigueros es un castillo y plaza-fuerte con todos los pertrechos necesarios dentro y fuera para hacerse fuertes y defenderse de los enemigos, porque sus muros son muy gruesos y tienen por la parte de afuera almenas y por dentro sus troneras y andenes para desde ellos ofender y defenderse. Dicen que fué casa de los Caballeros Templarios y que por eso se edificó así”. 

En opinión, por tanto, de la mayoría de los autores citados, la iglesia perteneció a los Templarios, pero sin embargo ninguno de ellos afirma de una manera rotunda, pues, al parecer, no conocen ninguna fuente escrita que permita asegurar este hecho. 

En contraposición a esta teoría de los Templarios existe otra en la que se afirma que la iglesia perteneció a una Orden Militar llamada “Santa María de España”. Así en el Diario de Huelva del domingo 2 de Febrero de 1.930 encontramos un artículo firmado por J. Petit que se titula: “La Orden Militar de Santa María de España y la Iglesia Parroquial de Trigueros”. Se recoge aquí la afirmación del anteriormente citado D. Antonio Delgado que en su “Bosquejo histórico de Niebla” dice que la Iglesia se construyó para la Orden Militar de Santa María, que fundara Alfonso X el Sabio para defensa del Algarbe. 

Siguiendo con el artículo citado de J. Petit, se refiere allí que el Rey Alfonso X el Sabio fundó y dotó una Orden Militar con el título de Santa María; esta orden fué instituida a la manera de la de Calatrava, y con la subordinación a la orden cisterciense y como filiación del Monasterio de la Gran Selva de Francia. Los monasterios fundados fueron cuatro: el de Cartagena, Santa María del Puerto, Grumena y San Sebastián: siendo los tres últimos filiales del de Cartagena. “Habían de tener monjes, así clérigos como caballeros y otros fieles legos proponiéndose por fin los caballeros pelear en favor de la fé y por su dilatación; contra la perfidia de los socarrones y en defensa de la patria”. 

Según el P. Maestro Francisco Berganza en su obra “Antigüedades de España”, el primero que encontró la noticia de la existencia de esta Orden fue D. Luis Salazar y Castro, pues escribió en su obra “Historia de la casa de Lara, año 1.694″, lo siguiente: “es muy notable que en toda la historia castellana no haya memoria de una tan grande operación del Rey como el establecimiento y dotación de una Orden Militar que, como dice en estos privilegios, -establecimos a servicio de Dios y a loor de la Virgen Santa María, su madre-”. 

Siguiendo a Salazar y Castro, D. Juan Menéndez Pidal escribió un libro titulado: “Noticias acerca de la Orden Militar de Santa María de España, instituida por Alfonso X”, editado en Madrid en 1.907. En él critica y ordena el autor las noticias que se desprenden de los documentos, que al final trascribe, y reproduce, y estudia el sello del Convento y Maestre de Santa María, de Cartagena. 


Con respecto a las cartas enviadas por el Abad de Cartagena a Alfonso X, como una de ellas tiene fecha de 1.273, supone Menéndez Pidal que la fundación debió ser lo más tarde en 1.272. 

En privilegios de años posteriores aparecen favorecidos por el fundador, así la institución como su maestre D. Pedro Núñez con los castillos de Medina Sidonia y Alcalá de los Gazules; pero como en el año 1.281 figura el citado D. Pedro Núñez entre los Maestres de la Orden de Santiago, en cuyo archivo de Vélez se hallaron los documentos referentes a la Orden de Santa María, dedujo Salazar y Castro que esta última orden debió quedar incorporada a la de Santiago, tal vez con motivo de la batalla de Moclín, en la que pereció el Maestre Santiaguista Ruiz Girón con la mayor parte de los caballeros. 

Terminado este resumen con lo que se sabe acerca de la citada Orden de Santa María. ¿Qué se puede decir de su vinculación con la Iglesia de Trigueros?. 

Siguiendo nuevamente a J. Petit en su artículo del Diario de Huelva, en el privilegio de demarcación de términos concedido a Huelva por D. Alfonso X en 1.267, cítase como punto de referencia “un mojón que está sobre el Puerto del camino que viene de Niebla e atraviesa la Nicoba e va a Gibraleón”. 

Este “Puerto del Camino” que el insigne triguereño Pérez Quintero considera en su “Beturia Vindicada” como nombre y población antigua de Trigueros, es, a juicio de J. Petit, solamente el lugar aproximado donde se levanta hoy día la Iglesia de S. Antonio Abad, situada al borde del expresado camino, no muy lejos de las diversas sendas que empalman en la falda de Sierra Morena con sus gargantas o “puertos”, y en la intersección de aquél con la vía romana que, según Rodrigo Caro, baja por Beas y termina en el antiguo embarcadero del Tinto junto al cual se fundó después, en el siglo XV, la villa de S. Juan del Puerto. 

Según esto, parte del Monasterio, llamado por el Abad y el Capítulo General de la Orden de Santa María “Santa María del Portu”, sería la Iglesia Parroquial de San Antonio Abad de Trigueros. 

Y concluye J. Petit en su trabajo: “Decimos parte del Monasterio, porque dada la vida efímera de la Orden, a la par que las vicisitudes y cambios constantes de dominio característicos de aquellos tiempos, es lo más probable que, de la traza total del Monasterio, sólo se construyera y rematara, extinguida tal vez la Orden de Santa María, nuestra Iglesia, con toda la solidez, rudeza y aguerrido aspecto que conservó hasta la segunda mitad del siglo XVIII en que fué destruida por el terremoto”. 


Ermita de la Santa Misericordia

Próxima a la iglesia parroquial de San Antonio Abad de Trigueros, casi detrás del ábside, se conserva la capilla del antiguo hospital de la Santa Misericordia. Su advocación original de Ntra. Sra. de los Remedios, cuya imagen titular aún recibe culto en el retablo mayor. Se trata de una escultura en madera policromada de los comienzos del siglo XVI. 

 
Su instituto, según una tradición recogida en la visita pastoral de 1721, fue de peregrinos sacerdotes. Por ello, cuentan, que en dicho edificio se alojaron el padre Diego Laynes y su compañero, cuando llegaron a Trigueros, para fundar el colegio de la Compañía de Jesús. Más tarde se transformó en casa cuna para recoger niños expósitos. Función que cumple regularmente hasta el siglo XIX. Así, por ejemplo, en el informe de la visita canónica del año 1697, aparece ya destinado el hospital de la Misericordia “para la crianza de niños expósitos”. Misión que sigue desempeñando en 1760. 

Para cumplir dignamente su misión contaba con ciertas rentas. En este capítulo anotamos que en 1711 tenía “de renta cada año, en 27 novenos de tributos, 14.392 maravedís, que los 1.321 son de la cofradía de la Sagrada Vera Cruz que está anexa a dicho Hospital de inmemorial tiempo a esta parte, y la restante cantidad de este hospital”. En 1721 obtenemos nuevos datos sobre el particular. Por aquel entonces “Su renta se compone de 120 fanegas de trigo y 400 reales poco más o menos, con el valor de estos años en el trigo no está sobrada la casa, pero cumple todas sus obligaciones”. Finalmente, casi al mediar el siglo XIX, en 1849, Madoz, al hacer una breve reseña sobre Trigueros, comenta que “Hay un establecimiento de beneficencia, titulado la Caridad, que posee una renta de 2.100 reales, un pósito con 20 fanegas de trigo…”. 

Respecto a la fábrica original de este hospital de la Santa Misericordia nada en concreto se sabe. Tan sólo, en la visita de 1725, se comenta que “en lo que toca al adorno de su hermita está con alguna decenzia”. Posteriormente, al sobrevenir el luctuoso terremoto de 1755, que produjo incluso la muerte de dos personas en la parroquia, el edificio quedó deteriorado. Que esto es cierto lo confirma un documento conservado en el archivo parroquial. Textualmente dice: “Todas las ermitas, y hasta quinientas casas, de esta población, unas del todo arruinadas en tierra, otras amenazando próxima ruina se dieron por inhabitables por los Maestros Alarifes con la justicia real de esta villa hasta su reedificación”. Y continúa, tras hacer constar el pánico general del vecindario y los daños sufridos, en los siguientes términos: “a los quince días (el 16 de noviembre de 1755) con solemnes aparatos, y asistencia de todo el Clero, Comunidades, Cabildo, y mucho pueblo, se trasladó nuestro altísimo Dios Sacramentado a la iglesia de la Santa Misericordia, titular de Santa María de los Remedios de esta villa, que ya estaba reparada, y luego se mudó a dicha iglesia la pila del Bautismo Sagrado, y quedó establecida por ahora para todos los usos la Parroquia y la Administración de los Santos Sacramentos”. 

Hoy, del antiguo hospital triguerense que nos ocupa, perdura exclusivamente la iglesia. Su fábrica, de planta rectangular, presenta tres naves. La central se cubría con techumbre mudéjar en forma de artesa con tirantas, y las laterales con cubiertas lígneas del tipo denominado de colgadizo. Las arquerías divisorias de naves se componen de cuatro arcos de medio punto, enmarcados en alfices, que apean sobre pilares rectangulares. Sencillas nacelas marcan el arranque de los arcos (lám.1). 

La nave izquierda, o de la epístola, comunica con la sacristía y un almacén. Ambas estancias carecen de interés artístico. La otra nave lateral, conocida popularmente como nave de la Virgen de los Dolores, nos consta que fue reparada en 1836. Un siglo después, el 23 de julio de 1936, tras ser retiradas algunas imágenes y objetos de culto, un exaltado grupo saqueó y destrozó cuanto quedaba en el recinto. Por fin, las últimas obras realizadas en el edificio corresponden el año 1974. En aquella ocasión, sustituyeron las antiguas techumbres de madera por techos rasos y colocaron la actual solería de terrazo. Dicha restauración desvirtuó el sabor que hasta esa fecha conservaba la antigua ermita. 

La distribución del espacio interior se deja sentir exteriormente. El encalado imafronte de la ermita de la Santa Misericordia, por fortuna, conserva una deliciosa impronta dieciochesca. Su perfil superior trapezoidal subraya la disposición de las tres naves interiores. E incluso la portada y las dos ventanas del frontis insisten, una vez más, en esta subdivisión, al corresponder una a cada ámbito espacial (lám. 1). La portada principal queda flanqueada por sendos ventanales. Sus rejas, algo salientes, aparecen cobijadas por dos pilastras y un frontón curvo, en cuyo interior hay un pinjante. Tan escueta morfología destaca vivamente con las proporciones, formato y ornamentación de la portada. Su arco rebajado está amparado por dos pilastras dobladas de orden dórico-toscano sobre sus correspondientes basamentos. Los capiteles soportan sendos trozos de entablamento. Sobre ellos monta un frontón curvo partido y avenerado. Al centro un movido y recortado medallón enlaza con la espadaña, marcando, de esta forma, un cierto carácter ascendente en toda la composición. 

El medallón central exhibe un paño de azulejería sevillana, en tonos blancos y azules, que representa a la Virgen de Misericordia, bajo cuya manto protector imploran los necesitados. El ondulado molduraje de sus perfiles conducen la vista del espectador hasta la espadaña, provista de su pequeña esquila (lám. 2). 

La airosa silueta de esta espadaña se recorta ya, con toda nitidez, sobre el azul del cielo. Su arquitectura reproduce, en líneas generales, la tipología impuesta por la portada. Hasta tal punto, queda trabada con ella, que puede considerarse como ático de la misma. En conclusión, tan emotivo conjunto arquitectónico responde al gusto estético imperante en la segunda mitad del siglo XVIII.

El Dolmen de Soto

Las discusiones y teorías de los arqueólogos en torno a la localización de Tartessos y los hallazgos realizados durante estos años con los que se trata de apoyar su ubicación en Huelva, e incluso la posibilidad de un poblado tartésico en las proximidades de Trigueros, vuelven a poner de actualidad la importancia arqueológica de nuestro pueblo. La vieja teoría, mantenida entre otro ilustre triguereño Pérez Quintero, de identificar Trigueros con la población céltica de Conistorsis o Cunistorgis vuelve a resurgir. 

 
Por lo tanto, parece ahora oportuno la publicación de unas líneas sobre el descubrimiento y localización del Dolmen de Soto, que hasta la fecha es el monumento prehistórico más importante de la provincia de Huelva. Y para ello nos valemos del extenso trabajo publicado por Huego Obermaier (arqueólogo alemán, más tarde nacionalizado español, que tuvo a su cargo el estudio y análisis del Dolmen tras su descubrimiento en 1.923). Dicho trabajo, con abundancia de ilustraciones, fué publicado íntegro por el “Boletín de la Sociedad Española de Excursionistas” en el año 1.924. Dada su longitud, sólo recogemos aquí su introducción, la carta que dirige a Obermaier el propietario de la finca Armando de Soto, y las conclusiones finales del citado arqueólogo. 

El Dolmen de Soto, mausoleo importantísimo de la Edad del Cobre (3.000-2.500 años antes de Cristo), se encuentra en el cabecillo del “Zancarrón”, enclavado en la finca de “La Lobita”, pertence al término de Trigueros, en el límite oriental de la provincia de Huelva. 

Para visitar este monumento arquitectónico, el arqueólogo se dirigirá por la carretera Sevilla-Huelva hasta llegar, entre los pueblos de Niebla y San Juan del Puerto, a la mitad del kilómetro 619 y a la bifurcación del amplio ramal, que el Sr. de Soto construyó a la derecha de la carretera, de la que para llegar al hipogeo hay una distancia de kilómetro y medio. 

Dista el dolmen del mar (Puerto de Palos) en línea recta 18 kilómetros, y del río Candón, afluente del río Tinto, unos 500 metros. 

El nausuleo está construido, como la mayoría de los monumentos similares en el interior de un túmulo (”El Zancarrón”) bastante suave, de forma casi circular y de 75 metros de diámetro, que se destaca perfectamente del llano que lo rodea. Este cerrete, completamente artifical, es una acumulación considerable de tierra blancuzca, con la que están entremezclados pequeños fragmentos de piedra y que fue traida desde lejos, pues no se encuentra en toda la finca. Solamente en la base aparece la tierra rojiza, típica del subsuelo normal. 

En la cúspide del cabecillo se levantaba desde el año 1.919, una casita de guarda, edificio que ha sido demolido y reedificado. 

El descubrimiento y la exploración del Dolmen se debe al Sr. de Soto, propietario de aquella finca, y no podemos hacer nada mejor que publicar en este lugar el interesante y ameno relato que tuvo la bondad de dirigirme por carta desde Sevilla, con fecha del 5 de Octubre de 1.923. 

“Mi distinguido y querido amigo: Me pide Vd. que le haga la historia de cómo descubrí mi monumento y realicé las excavaciones, así como detalles de los sitios donde encontré el ajuar funerario. 

Aunque las excavaciones han durado ocho meses y no he ido haciendo crónica diaria, me ha intersado tanto este trabajo, me ha proporcionado talers emociones en todo ese camino de lo desconocido, siempre con la ilusión de encontrar algo nuevo, que todo ha quedado en mi imaginación impreso como en cinta cinematográfica, lo que me permite relatar los hechos y ordenarlos como si tuviera delante su crónica. 

A mi buen amigo el simpático y popular D. Juan Vides Alamo, de Trigueros, inteligentísimo labrador y ganadero a la moderna, debo la iniciativa de mi descubrimiento, pues me facilitó copia de una Acta del Ayuntamiento de Trigueros del dia 8 de Enero de 1.823, en la que aparece una diligencia de demarcación que al pié de la letra dice de cierto terreno que “linde por el Poniente con el Cabecillo del Zancarrón donde está enterrado Mohamed Ben Muza, a quién se debe la primera obra algebraica, pues la publicó en el siglo octavo, que contiene la solución de las ecuaciones de segundo grado”. 

En dicho cabecillo acababa yo de construir de nueva planta la casa del guarda de “La Lobita” y recordé que elmaestro albañil me había dicho que en algunos sitios se había ahorrado el profundizar los cimientos por haber dado enpiedra casi a flor de tierra. Interrogado elmaestro albañil Manuel Fuentes, de Lucena del Puerto, que allí holgaba por ser el día 1º del año (de 1.923), me aseguró que a medio metro de profundidad y tangente al cimiento había visto él una piedra muy grande. Cogió la piocha y, dicho y hecho, antes de una cuarto de hora me descubrió a 95 cm. de la superficie la extremidad de una piedra horizontal. Así logramos descubrir como un metro de largo de la piedra que me figuraba ser tapamento de la sepultura del sabio moro. Basta por hoy, dije a Manuel Fuentes, que es un día muy grande para trabajar. 

Al día siguiente, con cuatro hombres, logré dejar al descubierto una piedra de 3,25 de largo por 0,70 de ancho, y otra junto a ella en el mismo plano, de parecidas dimensiones. Sin elementos para sacar a flor de tierra esas piedras, por vehemencia o ignorancia accedí a la proposición de romperlas con un mazo de hierro caso por el centro o sea porel único sitio que sonaba a hueco. Para desplazar las mitades fué preciso ensanchar el corte de tierra formando dos planos inclinados; con mucho personal, al otro día y por medio de cuerdas y palancas, logramos quitar la piedra de la famosa sepultura. Toda ella estaba llena de arcilla durísima y solamente donde había sonado a hueco faltaría como 15 centímetros de relleno. 

A la semana de estar sacando tierra, mi desilusión fué grande, pues habiendo profundizado metro y medio teníamos dos piedras verticales de cada lado descubiertas, como paredes laterales del “sepulcro” y nada habíamos encontrado de restos humanos, moneda ni cerámica. Me parecía inútil continuar aquel trabajo, mucho más haciendo falta el personal para otros de urgencia y resolví abandonarlo; pero todo el mundo sabe lo que puede en un marido la voluntad de su mujer, y la mía se había forjado tales ilusiones con el soñado hallazgo, que llegó a decirme que ella proseguiría los trabajos. Antes deseo tan vivamente manifestado, se reanudaron los trabajos con mayor empuje a los 4 días. Confieso pues que, sin su entusiasmo, nada hubiera hecho. 

A los 8 ó 10 días de los nuevos trabajos habíamos descubierto otra losa de techo y otras dos verticales de modo que teníamos ya unos cuatro metros de longitud con dos paredes de grandes piedras; pero como aquéllo tenía trazas de ser una galería subterránea y encontramos una hacha prehistórica de piedra pulimentada, de buen tamaño, ya pude pensar que se trataba de un dolmen, puesto que teníamos delante varias piedras verticales con otras horizontales de techumbre. 

Siguieron los trabajos de excavación con mucho cuidado en la galería, desde el centro hacia ambos lados o extremos, siendo descubierta la piedra grande del techo y habiendo encontrado dos hachas y algunos restos humanos. En este periodo de las cosas, vinieron desde Huelva a ver mis hallazgos el docto presidente de la Sociedad Colombina Sr. Marchena Colombo y el gran Manolo Siurot, el hombre cumbre de la pedagogía, el que ha dedicado su vida entera el niño pobre amándolo con ternura de padre, y a crear maestros aptos para que lo imiten. Manolo Siurot se merece que todo el mundo lo quiera tanto como yo. Ambos amigos me confirmaron que se trataba de un domen cubierto diciéndome que por lo que ya se podía apreciar, iba a ser un monumento importante. Siguieron las excavaciones en la forma indicada, sacándose toda la tierra por medio de una cabria y un tiro. Por estar la arcilla tan compacta y tan dura como la argamasa, había que trabajar a punta de piocha y retirarla con azadas y palas, teniendo los obreros orden terminante de suspender los golpes en cuanto encontraran restos humanos o cerámica. Se intentaba la extracción de los mismos siempre con mucho cuidado; pero por la acción del tiempo y la presión se deshacían en cuanto se trataba de sacarlos de la masa dura con la punta de la navaja, operación que muchas veces hacía yo mismo, logrando algunos huesos sin romper, en mayor cantidad los de cráneos. Sólo he encontrado restos de ocho cadáveres en siete sitios distintos, con la particularidad de encontrarlos todos junto a la piedras verticales como a unos ochenta centímetros del suelo del dolmen. Dichas piedras verticales tenían siempre signos toscamente grabados, y en todas estas siete piedras, debajo de los signos, se encontraban restos de cerámica con huesos de cráneos, como si hubieran apoyado la cabeza del cadáver en platos o cuencos de barro, cuyos pedazos conservo. Los restos de cada cadáver siempre ocupaban muy poco espacio y nunca se presentaron en sentido horizontal, lo que me hizo pensar, por lo que había estudiado, que aquéllos cadáveres habían sido enterrados en cuclillas y probablemente atados. 

Todos los restos humanos tenían a un lado hachas y al otro cuchillos, cinceles o puñales, y dos de aquéllos, además de lo dicho, conchas como las de los peregrinos. Con los restos de una madre con su hijo que se hallaron debajo de un signo que los representa, signo que Vd. me descifró estaban el precioso puñal y el brazalete de hueso que, por su pequeño diámetro se conoce que pertenecería al niño. 

Las piedras de techo que faltan al final del dolmen, osea en la cámara grande, no cabe duda que fueron destrozadas recientemente para aprovecharlas en construcciones, puesto que he encontrado en varios trozos, algunos grandes, las huellas de los barrenos cuyo uso es de ayer mañana. 

Se conoce que por la acción de las aguas y las labores sobre aquel túmulo artificial de tierra acarreada por los constructores del dolmen, quedarían al descubierto algunas partes de esas piedras, incitando a alguien a aprovecharlas, y que si no vieron más o no quisieron tomarlas fué porque todo el dolmen estaba lleno de esa argamasa tan compacta y tan recia. Gracias a ésto, no ha sido saqueado y destrozado el monumento. 

Por feria de Abril, tuve la suerte de que se encontrara aquí, con su encantadora hija Gabrielita, el señor Conde de la Mortera, a quién relaté aproximadamente lo que llevo ya escrito y después de examinar casi todo el ajuar funerario y las fotografías del dolmen, tomó con mucho empeño que fuera Vd. quien lo estudiara y lo presentara a la Academia de la Historia para mi mayor garantía y de la Corporación. Sin pérdida de tiempo le comunicó su pensamiento al Duque de Alba, quien entusiasmado, como siempre, con todo lo relativo a descubrimientos y hallazgos prehistóricos, tuvo conmigo, entre otras muchas deferencias, la de indicarme que al día siguiente se marchaba a Madrid para cumplir con su deber ciudadano de votar en las elecciones a Diputados, y que enseguida regresaría en compañía de Vd., como en efecto sucedió, pues no podía esperarse otra cosa de la amabilidad de Vd. y de la eficacia de tan excelentes padrinos. 

Señalo con piedra blanca el 1º de Mayo de 1.923 en que Vd., el Duque, y nuestro buen amigo Santiago Montoto, que con tanto interés había ido siguiendo mis investigaciones, me hicieron el honor de acompañarme a visitar el monumento. En esa memorable visita escuché de labios de Vd. muy sabiios y amables consejos que he procurado seguir puntualmente, para lo cual he consolidado las tres piedras verticales que amenazaban desplomarse y he sostenido con viguetas las dos piedras del techo que partí para buscar la “sepultura del moro” y otras dos más que estaban partidas por el centro y aún no se habían desprendido. También ha quedado terminada la bóveda de sillería que suple las piedras del techo que faltaban. 

Espero con verdadera impaciencia que venga Vd. pronto a estudiar detenidamente el Dolmen, para poder cumplir su ofrecimiento que tanto me halaga, de presentar ese trabajo, que seguramente será notabilísimo, a la Real Academia de la Historia. Así quedaré yo tranquilo de haber procedido en todo a su completa satisfacción, que será la mayor garantía de acierto, y así contribuiremos ambos a perpetuar el gigantesco esfuerzo de aquellos primeros pobladores de España, que tan grandioso culto rindieron a la muerte.
Con todo respeto le saluda muy afectuosamente su atento amigo y admirador q.b.s.m.
Armando de Soto”. 

Hasta aquí la extensa y respetuosa carta del propietario de la finca y descubridor del dolmen. El arqueólogo Hugo Obermaier expone luego un aplísimo y detallado estudio del monumento y de otro pequeño y destruido dolmen próximo al que nos ocupa, con relación de las piedras, de los grabados, de los aquí por su gran extensión, citando tan sólo, a continuación, las conclusiones finales a que llega el famoso arqueólogo y profesor alemán. 

No se puede poner duda que el domen de soto y el anejo a él pertenecen al pleno Eneolítico (3.000-2.500 años antes de Cristo). Está comprobado ésto por su gigantesca y complicada arquitectura que marca una habilidad constructora característica de la época mencionada. La misma fecha cronológica se deduce del ajuar funerario depositado junto a los cadáveres como ofrendas necesarias para la vida de ultratumba. Entre aquellos utensilios y adornos figuran objetos de marfil, y una flecha de silex de tipo muy fino, un puñal de cobre y restos de cerámica que reflejan claramente la cultura eneolítica que representa al mismo tiempo el apogeo de la “Edad de Piedra pulimentada”. Es extraño que el domen grande no nos haya proporcionado nada de cobre y que en ninguno hayan aparecido ídolos de piedra, a pesar de no haber sido expoliados, según deducimos de todas las apariencias. Esta falta está bien compensada por el número considerable y variado de representaciones gráficas en las paredes, y por esta misma razón prescindieron quizás aquellos pobladores de dotar a sus difuntos de aditamentos en forma de pequeños ídolos sueltos. ¿Pero quienes eran aquellos constructores que vivían entonces en aquella región fértil, en medio de campos amenos y rodeados de rebaños abundantes, y buscando con avidez en las orillas del río Tinto, en las entrañas de la tierra, el cobre, más apreciado en aquella época que el mismo oro?. Las teorías antiguas que atribuyeron los dólmenes a los celtas y a sus cultos “druidícos” están hoy totalmente desechadas, pues los celtas entran en España solamente hacia 600 años a.C. procedentes del sur de Francia, o sea unos 2.000 años después de la construcción de aquellos monumentos. También queda eliminada la hipótesis de que hubo un “pueblo de los dólmenes” que recorrería considerables porciones de Asía, Africa y Europa, dejando como testigos de su paso aquellas construcciones megalíticas. Las investigaciones antropológicas han demostrado que no hay en los dólmenes en modo alguno comunidad de raza. Conviene no olvidar que el problema de la etnología histórica de nuestra península está en parte aún por resolver. ¿Hay que considerar como los constructores de los megalitos del suroeste de España a los pobladores indígenas que descendieron directamente del pueblo que ocupaba aquellas regiones ya en la época de la piedra tallada? (Capsiense). ¿Es más lógico que estas obras se deban a un nuevo pueblo llegado de Africa, al parecer, y que es el que más adelante perdura en el pueblo Ibero?. Lo único cierto es solamente a fines de la Edad del Bronce empiezan a alumbrar los primeros albores de la Protohistoria. Aproximadamente desde 1.300-1.200 a.C. se concreta a orillas del Guadalquivir un primer “Estado”, el “reino” de los Tartessios, riquísimo en toda clase de productos de agricultura, ganadería y sobre todo en metales. A su pacífica capital (Tarshich, Tartessos), cuya situación exacta se ignora afluía una inmensa riqueza metalúrgica, entre ella la plata y el plomo de las minas de Sierra Morena, el cobre de la cuenca del río Tinto, y el estaño importado de las islas Cassitérides”, esto es, de Galicia. Para acaparar aquél tráfico lucrativo y obtener el monopolio comercial dentro del Mediterráneo, los Fenicios fundaron, según la tradición, hacia 1.100 a.C. la factoría de Gadir (Gades, Cádiz), supeditándose sin grandes esfuerzos a Tartessos que se vió desde entonces cerrado el paso por el estrecho de Gibraltar y fué destruido por los Cartaginenses hacia el año 500 a.C. Dentro del reino de los tartessios, y en su más importante región están enclavados los famosos centros dolménicos de Antequera y de Sevilla y elmaravilloso monumento de Trigueros. ¿Nos autoriza este hecho geográfico a considerarle como obra tartessia”? No lo creemos, pues aquellos dólmenes pertenecen a la época entre 3.000 y 2.500 a.C. y los tartessios aparecen, con fecha algo segura, únicamente unos 1.500 años más tarde, en quella región seguramente muy codiciada por sus riquezas y que ha podido sufir por esta razón, en aquel intervalo, más de una invasión de pueblos conquistadores. En vista de esto nos parece más prudente resistir a la tentación comprensible de relacionar aquellos megalitos con nombres concretos de la Protohistoria. 

Esto no rebaja la extraordinaria importancia ni de la gigantesca cueva Menga, ni el dolmen elegante de Matarrubilla, ni del hipogeo hallado por el Sr. de Soto, cuyo nombre quedará por siempre ligado a uno de los más resonantes descubrimientos arqueológicos que se han registrado en España durante los últimos lustros.
Y los visitantes del mausoleo del Cerro del Zancarrón, tan dignamente conservado por el Sr. de Soto, estudiarán con honda emoción aquellos grabados extraños que les hablan de mortales desaparecidos hace 5.000 años, de comunidad de cultura o de uniformidad de creencias misteriosas desde el Mediterráneo hasta la Bretaña francesa y la Isla de Irlanda. 

El antiguo Colegio de Santa Catalina de Trigueros

El colegio de los jesuitas de Trigueros fue fundado, bajo la advocación de Santa Catalina virgen y mártir, por Francisco de Palma, clérigo de primera tonsura y vecino de la localidad, al finalizar el segundo tercio del siglo XVI. En 1563 se acuerda que el fundador contribuya anualmente con 90.000 maravedíes, para sustentar a los 20 religiosos que compondrían la nueva comunidad. Y la Compañía de Jesús acometería, sin más, la construcción de la residencia y el templo.

El padre Laínez, general de la Compañía, aprobó la fundación de Trigueros y encomendó al padre Bustamante la dirección de las obras. La construcción se inició rápidamente. Se levantó un pabellón para residencia de los religiosos, y se proyectó comenzar la iglesia, gracias a los 1.000 ducados que a tal fin donó Leonor de Zúñiga, condesa de Niebla. Así el padre Plaza anunciaba en 1564 que la residencia estaba concluida. Y que había adquirido una casa para instalar no sólo la escuela de leer y escribir, sino también una general de gramática.

 
Al año siguiente, en Junio de 1565, se comenzó la edificación del templo. La planta original era de cruz griega. Sin embargo, por su incomodidad para culto y por falta de medios económicos, Bustamante redujo la iglesia a una sola crujía. De ahí que resultara demasiado larga y estrecha. Este esquema de iglesia -una sola nave flanqueada por capilla-nichos, impuestas por Brunelleschi, y crucero con cúpula semiesférica sin cuerpo de luces- nos remite al florentino Baccio Pontelli que hacia 1500 utilizó la misma tipología en Roma; en San Pedro in Montorio, Santa María della Pace, etc. 

Al ser nombrado , Bustamante, visitador de la provincia de Andalucía y, posteriormente, también de la Toledo, tuvo que abandonar las obras de Trigueros. Razón por la que la construcción del templo continuó lentamente. Por desgracia, al regresar Bustamante a Trigueros en 1570, con objeto de acelerar el ritmo de las obras, muere de asma en dicha localidad. Con tal motivo, las obras quedan paralizadas. La condesa de Niebla se niega, en 1571, a abonar los 2000 ducados necesarios para concluirla. Y al año siguiente, en 1572, el padre Francisco Arias comenta que los muros del templo estaban levantados sólo hasta la mitad de su altura y los de las capillas sacados de cimiento. Así continuaba cuando en 1578 llegó a Trigueros el hermano José Valeriani para ultimar la obra. Este arquitecto italiano transformó la planta central en cruz latina y se extrañó de que Bustamante hubiese querido levantar un piso de habitaciones sobre lo que estaba construido del templo. 

Afortunadamente en la colección de planos jesuíticos de la Biblioteca Nacional Francesa hay tres plantas del Colegio de Trigueros. La más antigua es un dibujo a pluma (19,9×21,3cms.) remitido a Roma por el padre Diego de Avellaneda el 8 de Agosto de 1566. Más que una planta, es una topografía del terreno con el dibujo del templo que por entonces construía Bustamante. 

Los otros dos planos corresponden a Valeriani. La primera planta es un dibujo a pluma (21,3 x 48,5 cms.) cuya inscripción por el anverso dice: “Sitio de Trigueros”, y por el reverso podemos leer: “Planta del sitio de lo que está ahora edificado en Trigueros”. Su finalidad era informar al padre general de la complejidad de edificios que componían el colegio triguerense. A la derecha del templo hallamos la residencia de la comunidad, construida también por Bartolomé de Bustamante, con su refectorio, cocina, portería y capilla provisora. Entre la residencia y el templo nuevo se sitúan las escuelas, adaptadas en una casa comprada al efecto. Al otro lado de la iglesia aparecen la casa del fundador, Francisco de la Palma, y la de Cristóbal Martín, el otro bienhechor de los jesuitas. 

La segunda planta, asimismo realizada por Valeriani, es otro dibujo a pluma (28 x 42 cms.) en cuyo ángulo inferior izquierdo consta la siguiente leyenda: “Planta de lo que en adelante se puede edificar en Trigueros”; y por el reverso dice: “Traza de lo que en adelante se puede edificar en Trigueros”. La iglesia adopta una planta de cruz latina. Consta de una sola nave sin capillas laterales, y brazos del crucero y capilla mayor poco profundos. El típico compás andaluz que Bustamante había dejado en su proyecto fue sustituido por un pórtico o nartex que precedía al ingreso principal. Pero no se llegó a realizar aunque si se llevó a cabo la apuntada reforma de la iglesia. 

A ambos lados del templo dispone en el plano cuatro claustros, dos por cada flanco. De esta forma, Valeriani conseguía un plan unitario en el colegio de Trigueros. Todo el mediodía está recorrido por una larga solana, con vista a la huerta. 

A pesar del impulso dado por Valeriani, las obras vuelven a demorarse. Por fin, según relatan las cartas anuas, el 7 de Septiembre de 1598, tras un período de 33 años de construcción, se concluyó el templo. De inmediato, entre 1600 a 1610, ampliaron el sector residencia. Documentalmente sólo consta la edificación de un claustro y dos pórticos con sus peristilos de mármol, dispuestos junto al antiguo edificio. Hoy restan exclusivamente algunos vestigios de la arquería de un patio y una torre, adosada al flanco izquierdo del templo. 

El terremoto del 1 de Noviembre de 1755 produjo graves daños en el conjunto monumental. Gracias a un informe, conservado en el archivo parroquial de trigueros, sabemos que el templo de la Compañía de Jesús “quedó del todo arruinado, caiendo en tierra toda la gran bóbeda de su techumbre, y la media naranja hecha pedazos quedó en pié, y todas sus paredes quebradas, y inhabitable toda la vivienda”. Situación ruinosa de la que igualmente se hace eco la noticia individual que da la Academia de la Historia sobre el luctuoso terremoto de Lisboa. 

Desgraciadamente los daños acaecidos en el colegio de Santa Catalina no se repararon. Y a partir de 1767, decretada la expulsión de los jesuitas de España, la antigua fábrica acabó de arruinarse por completo. Ante tal situación, el cardenal-arzobispo de Sevilla, Solís y Folch, dispuso transformar el templo en casas o fábricas útiles al vecindario. Luego, con mejor criterio, se cambió de opinión y se utilizó como cementerio. 

En 1816, restablecida la compañía de Jesús por el rey Fernando VII, llegaron de nuevo los jesuitas a Trigueros. El edificio estaba desolado. Para poderlo habitar los religiosos tuvieron que construir unos pequeños aposentos para la comunidad, restaurar la escuela, e instalar la capilla en lo que fue sacristía de la iglesia. No obstante, lo más desagradable para la comunidad fueron los pleitos que tuvo que sostener con algunos vecinos que habían ocupado, sin más, el abandonado colegio. Por ello, en 1826, a los diez años de su retorno, lo jesuitas deciden marcharse definitivamente de Trigueros. Desde entonces, en aquel área se han ido levantando casas particulares, paneras, cuadras, etc. Únicamente perdura el templo, que, tras ser utilizado como bodega, se usa en la actualidad como mesón. 

Antes de finalizar, las síntesis histórica de un monumento que mereció mejor suerte, debemos hacer especial hincapié en sus valores tectónicos. Se trata de un edificio singular,digno de un futuro más acorde con su riqueza histórico-artístico. Externamente, el total resultante goza de una gran sabor veneciano. Impresión que confirman los frontones circulares que rematan los hastiales del crucero y frontis del templo, al gusto de Pietro Lombardo.


Monumentos

Los orígenes de Trigueros se pierden en el tiempo. Tenemos noticias de que el territorio de lo que hoy conocemos como la villa de Trigueros estuvo poblado durante la época paleolítica y, en concreto, en el Paleolítico Medio (Musteriense), como asegura el arqueólogo José Castiñeira Sánchez. Cantos tallados, raederas, perforadores, núcleos y diversas lascas encontrados en su término son prueba de ello. Igualmente se han encontrado restos cerámicos del Neolítico final o Calcolítico inicial. Pero el elemento prehistórico más importante en cuanto a dimensiones y conservaci6n es el DOLMEN DE SOTO, importante mausoleo de la Edad del Cobre (3.000-2.500 años antes de Cristo) que fue estudiado con minuciosidad por el alemán Hugo Obermaier en 1.923, año de su descubrimiento.

Dolmen de Soto
Dolmen de Soto
Trigueros fue “sede de la vetusta y notable Conistorsis o Cunistorgis”, ciudad íbera que perteneció a los cúneos, según intenta demostrar el ilustre triguereño Pérez Quintero en 1.794. De todas formas, sobre este tema todo son hipótesis ya que aún no se han encontrado restos que prueben esta idea y las afirmaciones se hacen a partir de exclusión.


De época musulmana es, según el arquitecto Alfonso Jiménez, la base de la actual IGLESIA PARROQUIAL DE SAN ANTONIO ABAD, probable fortaleza almohade cuyas torres y muros fueron aprovechados para la construcci6n de esta admirable obra gótica. La Iglesia Parroquial, perteneciente (como Trigueros) al Condado de Niebla, después de la Conquista Castellana, y posteriormente también al Ducado de Medina Sidonia, es el ejemplo más meridional de iglesia con falso triforio, con un sistema de abovedamiento típico de la escuela arquitectónica de Renania y fue también probable fortaleza de los Caballeros Templarios. Es un espacioso templo de tres naves, separadas por pilares de ladrillos y cubiertas por bóvedas nervadas. Con el terremoto de Lisboa (1.755) quedó muy deteriorada y los arquitectos italianos que la reconstruyeron dieron a la fachada y a la única torre que se pudo levantar el estilo neoclásico con el que aún hoy permanece. Dos magníficas pinturas murales del siglo XV completan este maravilloso conjunto medieval. 





El CONVENTO DEL CARMEN (antiguamente, de Nuestra Señora de Consolaci6n) fue fundado en el primer cuarto del siglo XVI y, aunque reformado por los diversos acontecimientos geológicos y sociales, permanece en pie, pero alterado en su planta original. La antigua residencia conventual se dispone en torno a un claustro central, con dos plantas superpuestas y arcos de medio punto en sus flancos sobre pilares con impostas. El cuerpo superior del claustro reproduce la estructura arquitectónica del inferior, a excepción de sus arcos que son rebajados y doblados. Aquí se disponían originalmente las celdas. Las techumbres de madera de las galerías que delimitan el convento son sencillas y de indudable factura popular.
Convento del Carmen
El templo presenta una sola nave, crucero y capilla mayor. La nave, espaciosa, se cubre con techumbre mudéjar con elementos geométricos de fines del quinientos. El tramo central del crucero se compone de cuatro arcos de medio punto que reciben la consabida semiesférica sobre pechinas. La capilla mayor se cubre con bóveda de cañón y lunetos festoneados de pinjantes de la segunda mitad del siglo XVIII. En el exterior, la portada se compone de dos pilastras dórico-toscanas; una cornisa sobre canecillos y un frontón curvo partido con moldurón central. La espadaña consta de tres vanos de medio punto, separados por pilastras dórico-toscanas; el frontón posee en cada vertiente un remate de barro vidriado y en el vértice superior un pedestal con una cruz de cerrajería. 

La ERMITA DE LA SANTA MISERICORDIA, próxima a la Iglesia parroquial, tiene como advocación original a Ntra. Sra. de los Remedios, cuya imagen aún recibe culto en el retablo mayor (escultura en madera policromada de comienzos del siglo XVI) Fue instituto de peregrinos sacerdotes y posteriormente casa para recoger niños expósitos. A causa del terremoto de 1.755, del antiguo hospital triguereño sólo perdura la iglesia, de planta rectangular y tres naves. Las arquerías divisorias de las naves se componen de cuatro arcos de medio punto, enmarcados en alfices, que apean sobre pilares rectangulares. Lo más importante actualmente quizá sea el exterior, cuyo encalado imafronte conserva una deliciosa impronta dieciochesca. La portada está compuesta por un arco rebajado que está amparado por dos pilastras dobladas de orden dórico-toscano sobre sus correspondientes basamentos. Los capiteles soportan sendos trozos de entablamento. Sobre ellos monta un frontón curvo partido y avenerado. Al centro un movido y recortado medallón enlaza con la espadaña, marcando, de esta forma, un cierto carácter ascendente en toda la composición. El medal16n central exhibe un paño de azulejería sevillana, en tonos blancos y azules, que representa a la Virgen de la Misericordia. 

El antiguo COLEGIO DE LOS JESUITAS, fundado bajo la advocación de Santa Catalina a mediados del siglo XVI, es un edificio singular que goza externamente de un gran sabor veneciano, impresión que confirman los frontones circulares que rematan los hastiales del crucero y frontis del templo, al gusto de Pietro Lombardo, según asegura el profesor Juan Miguel González G6mez. 

El edificio fue construido en dos fases por Bartolomé Bustamante y José Valeriani respectivamente. Aunque la planta original era de cruz griega, se redujo la iglesia a una sola crujía por su dificultad para el culto. Actualmente adopta una planta de cruz latina con una sola nave sin capillas laterales y brazos del crucero y capilla mayor poco profundos.
A ambos lados del templo se encontraban cuatro claustros, dos por cada flanco así como una escuela, que fue reconstruida en 1.816 junto con unos pequeños aposentos para poder ser habitados de nuevo, ya que el edificio estaba muy deteriorado. 

En fin, Trigueros, que fue declarada villa durante el reinado de Carlos II, perdió con el mencionado terremoto de Lisboa numerosos monumentos, testigos de un glorioso pasado: Las ERMITAS DE SAN ROQUE y DE SAN SEBASTIAN, en el eje Norte-Sur, y SANTA BRIGIDA y SAN ANTONIO ABAD, en el eje Este-Oeste; así como la CASA DE LA ORDEN DE CALATRAVA, las CASAS DEL CABILDO, etc., como asegura el profesor José Luis González Escobar.

Los platos típicos de Trigueros

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La gastronomía triguereña (I) La repostería de Trigueros

Alimentación y gastronomía son dos conceptos bien diferenciados que, sin embargo, a lo largo de muchos siglos, en la primera Era de la historia de la humanidad, aparecen íntimamente unidos. Tan sólo tras largos milenios, cuando el hombre adquirió conciencia de sus condiciones peculiares como ser inteligente y superior, la alimentación tiende a modificar su sentido originario y adquiere un carácter original, y es sólo a partir de entonces un carácter original, y es sólo a partir de entonces cuando se dan los más lejanos presupuestos del arte gastronómico, del que Trigueros aporta una gran peculiaridad.

 
Desde un punto de vista general, la repostería triguereña, que es el tema que nos ocupa en este primer trabajo, participa de la repostería mediterránea, como ocurre con el conjunto de la cocina andaluza. Sobre todo es importante reseñar la gran influencia que los árabes han dejado en nuestros dulces más singulares.

La repostería triguereña es una repostería popular y lo es, sobre todo, porque es artesanal y nada industrializada y por que cada dulce está íntimamente ligado a una fecha y a una festividad concretas. Es decir, la pastelería triguereña como toda la pastelería mundial es un elemento superfluo dentro de la alimentación de un pueblo, ya que no es indispensable para la supervivencia de éste, cuando, por lo tanto, un lugar privilegiado en la cultura popular de Trigueros.

Otro elemento caracteriza a nuestra repostería y es que los nombres, en la mayoría de los casos, no son originales y los podemos encontrar en otros puntos de la geografía española, aunque, eso sí, refiriéndose a otro tipo de dulce o pasta. Así por ejemplo, las perrunillas en la provincia de Sevilla o el hornazo castellano, compuesto a base de masa de pan, chorizo, etc., son composiciones totalmente diferentes.

Después de visitar una decena de reposteras locales, hemos entresacado algunos de los dulces más peculiares y originales de nuestra tierra, aunque lógicamente también son elaborados aquí otros pasteles que son patrimonio de toda Andalucía. como los pestiños, empanadillas, magdalenas, etc. 

 
Las hermanas Concepción y Josefa Conde Castaño, en la calle Huelva, que aprendieron el oficio en la calle Moguer, nos facilitan la receta de uno de los dulces más artesanales y vistosos de la gastronomía triguereña que se consumían durante las fechas de Semana Santa y San José: el rosquete. A una docena de huevos se le añaden 8 cascarones de aceite frito, medio de kilo de harina, un cascarón de aguardiente, ajonjolí, matalaúva y canela. Todo esto se debe escaldar con el aceite hirviendo y formar con la masa unos roscos de unos 17 cms. de diámetro que irán al suelo del horno. Mientras se están haciendo, preparar el “betún” batiendo 8 claras durante una hora y añadiéndole posteriormente un kilo de azúcar, un chorrito de aguardiente y una cáscara de limón. Después, el rosquete va de nuevo al horno con una mano de “betún” por la cara principal, que habrá que ir posteriormente extendiendo al resto. En total este dulce va cuatro veces al horno. 

Los pastelillos de gloria son unos dulces exquisitos que han estado a punto de desaparecer, pero el buen hacer de varias vecinas han contribuido a que, en estos momentos, se encuentren entre los más famosos fuera de nuestro pueblo. Matilde Castilleja, en la calle Olleros, aprendió el arte de la pastelería de la tradición familiar y es ella la que nos proporciona esta receta. Se hace un almíbar a base de agua azúcar (un litro de agua por cada kilo de azúcar) que, en el fuego, hay que ir removiendo hasta que se embeba el agua, de forma que no quede ni muy pasada ni muy clara. Se le añade después almendra molida, que previamente ha debido de ser cocida y pelada. Esta pasta se pone sobre unos trozos de oblea formando con las manos pequeñas planchas de unos 5 cms. Encima se extiende un poco de caballo de ángel y posteriormente otra plancha de masa. A este conjunto se le da con una escobilla un poco de huevo batido y se coloca en la boca del horno (nunca dentro) para que le de sólo la flama. Para el cabello de ángel, cocer la cidra, deshuesada y limpia, con agua; escurrir y añadir azúcar el mismo peso que dé la cidra. Cuando se haya apartado, añadir unos trozos de limón. Una docena de pastelillos de gloria puede costar unas 300 pesetas.
Matilde Castilleja ha añadido al repertorio de pasteles populares otros de su invención como la tarta rellena de bizcocho que lleva almendra tostada y nata, entre otros ingredientes. 

Quizás el trono de la repostería triguereña esté ocupado por la torta de almendra, con sus variantes, mixta y de bizcocho. Es conocida regularmente en Sevilla, Huelva, y pueblos de la provincia. María Montiel nos decía que en una ocasión le encargaron una para llevársela al Papa Juan XXIII, a Roma. Es tradicional que sea consumida durante las fiestas de San Antonio Abad, aunque por su calidad y presencia hoy la encontramos en cualquier celebración de boda, cumpleaños, etc. Maximina Peñate, vecina de la Pozo Nuevo, heredera de la tradición de su suegra María de la Cruz, nos ofrece la elaboración de la torta de almendra: A un kilo de almendras molidas se le añade un kilo corto de azúcar y entre 18 y 20 huevos, dependiendo del tipo de almendra. Se amasa con las manos durante una hora aproximadamente hasta conseguir una masa compacta. Se vierte en un molde redondo o en varios en forma de pisos y se mete en el horno durante otra hora aproximadamente. Cuando la torta esté hecha., sacarla del horno agujerearla con unas agujas para después verter por encima almíbar hasta que quede bien jugosa. Algunas pasteleras la adornan con almendras cortadas finamente, cerezas confitadas, merengue e incluso coco, aunque Maximina no está de acuerdo con esto último, porque el coco mata el sabor de la almendra. Catalina Núñez piensa que en la decoración de la tarta de almendra todos estos elementos son extranjerísmos y que lo único que debe permitirse es la almendra. Una torta de un kilo de almendras puede costar alrededor de las 2.000 pesetas. 

En la calle Pascuales, Encarnación Márquez nos cuenta el proceso de elaboración del hornazo, otro de los dulces triguereños más famosos. Con un kilo de masa de pan (de masa dura), se añade un cuarto de kilo de harina y medio litro de aceite, frito previamente con una cáscara de limón y, si se desea, un poco de ajonjolí. Se amasa con los puños como si fuera pan y se extiende sobre un papel. El papel debe ser de estraza que antes habremos impregnado de aceite por la parte superior. A la masa, de unos 35 X 20 cms., se le hacen con los dedos los bordes y se pincha con un tenedor para que no se levante. Por encima, se le extiende una capa de almendra molida, azúcar, canela, limón rallado, que habremos mezclado antes. Por cada kilo de almendra hay que echar un kilo de azúcar aproximadamente. Finalmente, por encima de todo se vierte huevo batido y se mete en el horno.
Como se consumía para Semana Santa, a veces se introducía en el horno con uno o dos huevos enteros que salían después duros, para comerlos en la tradicional gira al campo del Domingo de Pascua. Cada hornazo puede salir actualmente por las 200 pesetas. 

Antonia Sisniega Pérez, que también aprendió el oficio de su suegra (Antonia Almonte), nos refiere las recetas de dos dulces, no por menos conocidos, menos importantes: las tortas de polvorón y los roscos de la Virgen del Carmen. Para la torta de polvorón (no olvidemos que el nombre es equívoco), a un kilo de azúcar, se le añade un vaso pequeño de aguardiente, ajonjolí, harina y un kilo de manteca de cerdo, pudiéndose substituir la mitad de la manteca por aceite. La masa se aplasta y con un vaso se va cortando para separar las tortas. Finalmente, se le añade por encima huevo y azúcar y se mete en el horno. Una docena de tortas de polvorón cuesta unas 100 pesetas y su consumo está relacionado con la fiesta de San Antonio Abad. 




Para los roscos de la Virgen del Carmen, se baten 6 huevos y se les va agregando tres cuartos de kilo de azúcar, kilo y medio de harina, medio litro de aceite, limón y canela. Cuando esté hecha la masa, se forman los roscos y se les da por encima con una escobilla un poco de huevo batido antes de meterlos en el horno. 

Muy pocas personas hacen ya en Trigueros las chupalpillas; María Montiel, en la calle Primero de Mayo, una de las dulceras mas antiguas del pueblo, nos dice que, para elaborarlas, hay que echar en un lebrillo de barro un vaso de aceite frito que esté caliente; medio litro de zumo de naranja también caliente; un kilo de harina con un poquito del sal, un poco de agua y un vaso de aguardiente. Se prepara la masa hasta que queda compacta y se fríe. Este dulce, que se consumía antiguamente para navidad, puede costar sobre las 100 pesetas la docena. 

A Catalina Núñez, de la calle Olleros, le viene la tradición de varias generaciones atrás. Ella nos explica, para finalizar, un dulce que se asemeja en su forma a las sultanas y que forma parte también del catálogo de dulces conocidos fuera de Trigueros: las perrunillas. A un kilo de almendras molidas se le añaden un poco menos de un kilo de azúcar y 7 u 8 huevos dependiendo del tipo de almendras (más o menos seca). Se prepara la masa y se echa el equivalente a una cuchara sopera en las planchas especiales para el horno. Las erupciones se formarán al levantarse la almendra, dándole ese aspecto tan singular que las que las caracterizan. Las perrunillas, como las tortas de polvorón, se consumen durante las fiestas de San Antonio Abad. 

Casi todas las reposteras de Trigueros hacen prácticamente todos los dulces antes mencionados, si bien algunos que por su dificultad han quedado relegados a pocas personas. En estas páginas hemos querido hacer referencia a algunas de las dulceras más conocidas de Trigueros, aunque lógicamente no han podido estar todas. A ellas pues nuestras disculpas. Antiguamente, y en parte también hoy, los triguereños podían acudir a las casas donde había horno y, llevándose los ingredientes, tenían derecho a usarlo para una determinada festividad, dejando evidentemente algunos dulces o su precio en metálico como pago. La leña corría a cargo de la persona que aportaba el horno. Los ingredientes, como habrán podido observar nuestros lectores, son todos de la tierra. Las almendras se cultivaban antes en Trigueros en mayores proporciones que actualmente, por lo que ahora casi toda la almendra procede de Cartaya. El aguardiente debe ser tipo Zalamea, que también se fabrica en Trigueros, ya que su sabor entre dulce y seco es muy característico y da el punto justo a los dulces, no pudiéndose sustituir por Chinchón, Rute, u otro tipo. 

Para finalizar, rogamos a todos los triguereños que puedan aportar algo nuevo sobre la repostería o la gastronomía en general de Trigueros se pongan en contacto con nosotros para completar este trabajo. 

La gastronomía triguereña (II) Los platos típicos de Trigueros

Al contrario de lo que ocurre con la pastelería popular triguereña, los platos de su cocina no son muy singulares y, exceptuando un par de ellos, el resto puede ser encontrado en otros puntos de la geografía de la provincia, aunque, eso sí, con alguna variante. Citaremos pues algunos platos que están a punto de desaparecer y que son dignos de ser rescatados de la ignorancia de las nuevas generaciones, así como otros que son típicos de nuestra gastronomía y que se siguen elaborando actualmente. 

Hay platos que no estaban al alcance de todos los vecinos por ser de mayor costo, pero no por eso son menos conocidos hoy día.

 
Hablaremos, en primer lugar, de la caldereta de cordero, común a toda la provincia de Huelva. Se pone una olla ancha y alta con una tonga (o capa) de aceite, ajo, cebolla, pimiento y tomate en trozos regulares, junto con unas hojas de laurel, pimienta negra en grano y en polvo, nuez moscada y perejil. A continuación se pone otra tonga de carne de cordero partida en trozos. Encima de esta se pondrá otra de cebolla, pimiento, tomate, etc. y a su vez otra de carne, dependiendo del número de comensales -no olvidemos que la caldereta es una comida muy social que se hace normalmente para celebrar algún acontecimiento importante-. Se sazona con sal, se le echa un hueso de jamón cubriendo todo con vino y se pone la olla al fuego. 

Cuando el caldo vaya menguando se podrá añadir un poco de agua, pero ya no se puede echar más vino. Debemos de tener buen cálculo para que no haya que añadir mucha agua pues de eso depende el punto exacto de la caldereta. Cuando la carne esté tierna, se aparta y se sirve. Si el presupuesto es bajo se pueden incluir también algunas patatas para que haya para todo el mundo. 


Como aquí no se tira nada, el caldo sobrante se cuela debidamente y se le echan unas rebanadas de pan poniendo todo al fuego de nuevo. Así tendremos una estupenda sopa para la cena que es conocida con el nombre de sopa montera. 

Como aquí no se tira nada, el caldo sobrante se cuela debidamente y se le echan unas rebanadas de pan poniendo todo al fuego de nuevo. Así tendremos una estupenda sopa para la cena que es conocida con el nombre de sopa montera.

Los platos más singulares de la gastronomía triguereña son sin lugar a dudas: el salmorejo de conejo y los revoltillos. El salmorejo es un plato existente en Córdoba y en Canarias, aunque los ingredientes y la elaboración no sean exactamente iguales, y los revoltillos también se hacen en otros pueblos de la provincia pero no están atados, por lo que no pueden ser llamados revoltillos, sino callos. 

Para el salmorejo de conejo se asan el conejo -debidamente arreglado-, pimientos, tomates y ajos y uno o dos huevos. Seguidamente se deshuesa el conejo y se pone en trozos en una bandeja donde se añaden seguidamente los tomates y los pimientos asados, una vez pelados y cortados en tiras. Se pican unas cebollas y un poco de perejil o cilantro. Con el hígado del conejo, que se ha asado aparte, se hace un majado añadiéndole los ajos, aceite, vinagre, sal, pimienta y la yema del huevo. Esta exquisita salsa se vierte por encima y, sobre ésta se pica la clara del huevo. Un plato maravilloso digno de los mejores restaurantes y que no todos conocen pero que hay que potenciar, aunque, eso sí, sin olvidar el tema económico. Podríamos hablar aquí también de otro plato muy similar pero que no lleva conejo, sino caballa. Nos referimos al picadillo de pimientos y tomates asados y va condimentado con cebolla aceite y vinagre siendo muy parecido a la escalibada catalana. 

Los revoltillos son callos elaborados con manta, tripa y cuajareta de cordero que van atados en forma de pequeños paquetes. Hay varias formas de prepararlos: en caldereta, estofados y con tomate. En caldereta, se preparan como dijimos más arriba y pueden ir acompañados por las manos del cordero. Los revoltillos estofados, también llamados “revoltillos con patatas”, se hacen preparando un sofrito de ajo, laurel, perejil, cebolla y los propios revoltillos con un poco de vino blanco. Algunos añaden también tomate, pimientos e incluso guindilla. Cuando se hayan “mareado” convenientemente se les echan las patatas -cortadas en dados grandes- y el agua. Se dejan hervir hasta que estén tiernos y se sirven. De este plato sólo diré que su exacta densidad, su inimitable textura, su ponderado pique, en algunos casos, rozan las fronteras de lo sobrenatural. Para matar el excesivo gusto a chero se pueden echar unas hojas de hierbabuena, aunque nosotros aconsejamos incluir morcilla lustre -morcilla de cordero elaborada a partir de sangre, hierbabuena, etc.-, con lo que el resultado es mucho más satisfactorio. 

Los revoltillos con tomate tienen también una popularidad dentro y fuera de Trigueros bastante importante, aún siendo bastante fáciles de hacer. Se refríen unos dientes de ajo, pimiento y cebolla, una pizca de sal y se añade tomate triturado o cortado en trozos y se dejan en el fuego hasta que estén tiernos. 

La cocina popular de Trigueros es, en gran parte, heredera de los difíciles años de la posguerra y, por lo tanto, de escaso valor nutritivo aunque rica en hidratos de carbono. Se trataba de llenar el estómago a cualquier precio. Así, el potaje capón es potaje (de garbanzos) con pocos ingredientes donde la morcilla, el chorizo y el tocino han desaparecido por necesidades económicas. El trigo con tomate es un guiso similar al arroz con tomate cuando éste no estaba al alcance de todos los bolsillos; el trigo era-y es- el producto más característico de Trigueros. Era partido, que no molido, y añadido a la salsa de tomate, hecha previamente a base de un sofrito de pimiento, cebollas y sobre todo tomate. Al ir el trigo entero, con la piel, hoy en día haría las delicias de cualquier amante de la cocina macrobiótica. Igualmente al puchero o puchera (la variante andaluza del cocido), se le añadía trigo para aumentar su textura y su volumen. 

Lo mismo podríamos decir del potaje de castañas, con sus dos variantes, en dulce y con alubias blancas. Las castañas peladas (pilongas, en habla triguereña) se ponen en remojo el día antes; después se limpian y se colocan en la olla con agua, aceite, cebollas, laurel, una pizca de sal y canela en rama, aunque algunos también le añadan una cáscara de limón. Si se quiere dulce, habrá que echarle también un poco de azúcar, si no, se incluirán alubias blancas. 

La espoleá es sin embargo un postre que, por problemas de índole económica, puede convertirse en plato único. Va hecha a base de leche, harina de repostería, cáscara de limón, canela en rama y en polvo, azúcar, aceite y pan. La harina de trigo podía ser sustituida por harina de maiz o de algarroba, dependiendo de las mismas causas enumeradas anteriormente, y la leche, si había poca, podía ser sustituida en parte por agua. Para su elaboración, se corta el pan en dados y se frien en una cazuela. Se sacan escurriéndolos previamente y se le añaden al aceite la leche, la canela en rama, la cáscara de limón y el azúcar. Se remueve todo lentamente vertiendo la harina poco a poco hasta que quede sin grumos. Se pone a fuego lento cuidando de remover despacio hasta que empiece a hervir. Entonces se aparta la pasta, que tendrá que ser bastante espesa, y se echa sobre una fuente adornándola con los picatostes (chicharrones, en lenguaje de Trigueros) pinchados en la masa. Finalmente, se espolvorea un poco de canela en polvo y se sirve. A las raciones individuales se les puede añadir leche a discreción y según el gusto de cada uno. Este plato se puede tomar en caliente o en frío, aunque las muchachas, que no tenían acceso a los productos cosméticos de la época, la preferían caliente para tomar colores antes de acudir a bailes, reuniones, etc. 

La tostá es, justo a la caldereta, la comida más social de las que nos ocupa en este trabajo, en otros puntos de Andalucía es tomada para desayunar, pero no va acompañada por nada más y el plan no es tan grande. Suele ser degustada en días lluviosos y fríos. Para prepararla, se coge la mitad de una pieza de medio kilo de pan redondo de Trigueros y se le hacen cortes verticales y horizontales de manera que formen cuadrados medianos. Se pone a tostar en un fuego que habremos hecho con leña de encina o de olivo, asando igualmente, en el borrajo del fuego unas cabezas de ajos. Cuando el pan esté dorado por ambos lados, pero sobre todo por el lado de la miga, se le refriegan unos ajos crudos y se le echa un poco de sal gorda añadiéndole posteriormente aceite de oliva y cuidando que se introduzcan bien en las ranuras hechas en la miga. El pan debe ser del día anterior. Si éste ha sido cocido con leña de jarra y, a medio tostar, se le ha refregado ya un poco de ajo y se le ha echado el aceite tornando de nuevo al fuego al fuego, la “tostá” será mucho más exquisita. Como variante diremos que algunos prefieren que el aceite sea de freír el pescado que la acompaña. No hace mucho tiempo el único acompañamiento era el arenque o la sardina prensada, añadiéndose posteriormente los berdigones o berberechos (con concha, no en lata). 

Hoy en día -la “tostá” es una de las comidas que mejor han sobrevivido a los tiempos modernos- se puede acompañar con sardinas asadas, pescadilla, bacalao seco asado o crudo, pescado frito (boquerones, pijotas, pescadillas, acedías, etc.) o en lata (filetes de caballa), sin olvidar los rábanos, rabanillos y ajos asados. Para completar el ágape es fundamental regar todo con buen vino, nuevo del año, de Trigueros. 

En la merienda era frecuente encontrar grandes dosis de pan con elementos dulces. Normalmente se cogía el trozo de pan y, en medio, se le hacía un hoyo que iba lleno de arrope e incluso de meloja. Se pretendía “engañar al pan”, es decir, a cada bocado de pan, un poco de arrope o meloja para que, sobre todo los niños, llenaran el estómago aunque el alimento fuera poco. 

Para el arrope, se hace una bola de arcilla aliada en un trapo y se introduce en mosto sin fermentar que, previamente, habremos colocado para separar la semilla. Se hace hervir removiéndolo de vez en cuando, sin olvidar de retirar progresivamente la espuma que va soltando. Posteriormente se saca la bola de arcilla y se le añaden a la pasta trozos de calabaza, de melón, de cidra e incluso de naranja. Cuando todo está cocido, se aparta y está listo para servir. 

Tanto el arrope como la meloja eran fáciles de conservar en una orza vidriada; así hay merienda para toda la temporada. Antes de añadir la fruta algunas mujeres hacían perrengue con el que los niños jugaban estirando y “poniéndolo rubio”, pero ¡también se comía! Cuando la pasta del mosto se iba endureciendo se ponía en un plato humedecido con aceite crudo para que no se pegara y se cogía con las manos también llenas de aceite. Después se estiraba y se juntaba una y otra vez hasta que se iba poniendo más duro y más “rubio”, dependiendo del aceite y del manoseo. 

La meloja, como su propio nombre indica, se hace a base de miel y su elaboración es muy parecida a la del arrope. En Trigueros, se hace poco, limitándose su fabricación a la fuente de la Corcha, en el término de Trigueros. Se coge un panal, después de haberle extraído la miel para su consumo y se introduce en el agua para que suelte la miel que aún queda. Claro es que, si al panal le queda poca, habrá que añadirle miel limpia. En el fuego, se remueve lentamente y se le quita la espuma cuando convenga. Cuando la miel se va poniendo oscura, se le añaden trozos de la calabaza y de cidra, limpios de piel y pipas, y se retira cuando estos trozos estén tiernos, aunque no mucho porque deben de quedar bastante enteros. Se come fría. Algunos triguereños la prefieren como postre con trozos de queso fresco. 

Para la merienda, también era bastante corriente ver los zagales comiendo higos con bellotas que se acompañaban de pan. El higo tenía que ser negro y pepitoso y la bellota iba metida dentro. 

Otro plato al alcance de muchos vecinos era el guiso de galápago pues sólo se trataba de ir a las riberas y cogerlos. En una cazuela con aceite se hace un sofrito de ajo y cebolla mientras que metemos el galápago en una olla de agua hirviendo para matarlo. Se saca, se deja enfriar y se pone de canto. Con una piedra se abre y se le cortan las patas. Estas se despellejan y se desuñan. Se lavan bien y se echan al sofrito, añadiéndole posteriormente tomate picado en cantidad y un poco de comino. Si el animal es hembra y tiene huevos, éstos pueden ser aprovechados para freírlos. Están muy buenos.

San Antonio Abad

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Las Fiestas de San Antonio Abad como ritual igualitario: una aproximación antropológica.

Una de las más sugerentes y fértiles vías para profundizar en la identidad cultural andaluza es el estudio de las fiestas. Estas son ocasiones especialmente propicias tanto para la observación de comportamientos, expresiones, ritos y otros elementos culturales como la aproximación a las características de la estructura social de cada pueblo o ciudad de Andalucía.

Las fiestas definen y delimitan unidades sociales que a través de ellas se auto perciben y reafirman como tales, y suponen, sobre todo, expresiones simbólicas de la vida social: en ellas se traducen directamente, unas veces, o se niegan simbólicamente, otras, las realidades económicas, sociales, políticas e ideológicas del grupo o grupos que las celebran. Y, a la vez sólo inscritas en el contexto sociocultural en que se producen -en nuestro caso el de la sociedad y la cultura andaluzas- es posible entender sus diversos significados más allá de lo simplemente observable. 

Para quienes están completamente inmersos en una fiesta determinada, para quienes la vivan a tope, ésta supone, básicamente, un conjunto de situaciones emocionales, un alto en la cotidianidad, una ocasión para subrayar y reforzar los lazos sociales familiares, de amistad y vecindad. Cada actor social tenderá a poner de manifiesto una de las vertientes de la fiesta: la vertiente económica, religiosa, lúdica, nostálgica u otra. Ello dependerá de factores concretos que afectan a cada persona y que modelan en ella una actitud y mentalidad determinadas. Pero si queremos captar los múltiples y profundos significados de cada fenómeno festivo tendremos que trascender el plano de la subjetividad de los implicados en ella y, sin que ello signifique en modo alguno dejar de dar a éste su debida importancia, introducirnos en niveles más complejos, no directamente captables por la mera observación de los hechos y actitudes. Habremos de adentrarnos en el núcleo mismo de la estructura simbólica.
En este sentido, pocas fiestas con tanta riqueza de significaciones simbólicas como la de San Antonio Abad en Trigueros. 

Si siguiéramos un criterio puramente formal, tendríamos que englobarla dentro del modelo de “fiestas de invierno” que con tanta erudición analizara hace años Julio Caro Baroja. Pero una aproximación de este tipo nos explicaría solamente una parte, y no precisamente la más significativa, de la celebración: la bendición de animales.
Si atendiéramos a las características religioso-míticas de la figura histórica del santo patrón que constituye el símbolo iconográfico central de la fiesta, no tendríamos tampoco explicaba una de las características fundamentales de esta: las tiradas. Porque, si bien es cierto, como se señala repetidamente en los sermones y panegíricos de la Novena al santo, que este “repartió sus bienes entre los pobres” y que, en recuerdo y seguimiento de su ejemplo, las promesas y mandas de los devotos consisten en repartir pan -y ahora también otros más suculentos y hasta espectaculares artículos de consumo-, ni esto sucede en todos los lugares, que son muchos, donde se tiene por patrón al mismo dadivoso abad, ni tales repartos públicos desde los balcones son algo excesivo de unas pocas fiestas de San Antonio. En sorbas (Almería), para no ir más lejos, se tiran también muchos kilos de roscas de pan en las dos procesiones de San Roque y San Roquillo, el 16 y 17 de cada Agosto.
Y, sin embargo, sigue siendo cierto que muy pocas fiestas como la de Trigueros poseen tan alto interés y -me atrevería a firmar- son tan significativas de la cultura andaluza. En ella se dan fuertes contrastes simbólicos, funciones contradictorias, tesis, antítesis y síntesis.
La primera función de la fiesta es la de integración social, la de reafirmación del espíritu comunitario por encima de las evidentes diferencias y desigualdades sociales. San Antonio Abad encarna y simboliza al conjunto del pueblo: todos los triguereños se identifican a su través. Y, más aún, la figura del Abad, el pueblo de Trigueros y la totalidad de los triguereños son expresiones ideales de una misma realidad no separable. Por eso, los tres ¡vivas! rituales equivalen a un único ¡viva nosotros!, un nosotros en el que se borran simbólicamente las diferencias y desigualdades económicas, sociales y políticas. 

Claro que esto es cierto en la procesión popular y no en la procesión “de Tercia” u oficial. En esta se expresa, por el contrario, la jerarquización y segmentación sociales. El símbolo del pueblo – San Antonio- es presidido por las autoridades civiles -eclesiásticas- el cura – y militares – guardia civil-. En la comitiva, las diversas asociaciones religiosas y otras representaciones. El símbolo igualitario es ocasión, e instrumento, de reafirmación y legitimación de los poderes locales, institucionales, que garantizan el orden social y moral cotidiano, que perpetúan las desigualdades. 

Pero la procesión oficial es corta, transcurre, no podía ser de otra manera, por el centro no sólo geográfico sino social y simbólico del pueblo, y acaba con la función solemne en la iglesia: expresión del carácter explícitamente religioso del símbolo de Trigueros e intento imposible de reafirmar su exclusiva pertenencia a la Iglesia Católica. Intento baldío porque, sin que ello se cuestione razonadamente, es bien evidente que San Antonio Abad, por representar y encarnar a todos los triguereños, creyentes o no, pertenece al pueblo y no sólo a una parte de éste y mucho menos a un poder externo a la propia comunidad (aunque dicho poder se halle tan secularmente actuante en el interior de ésta). 

Que esto es así lo refleja claramente la procesión popular: el acto ritual mismo de la “entrega”; la carencia de comitiva organizada y presidencias de autoridad: la parada ante cada casa, incluida la casa de los muertos, en un ritual que deja bien patente el sentido de continuidad y totalidad comunitaria; o el grito de cada vecino al recibir al santo. Como también lo reflejan el hecho de no existir un grupo específico organizado como cofradía religiosa para preparar las fiestas, sino que estas sean organizadas por el Ayuntamiento y una Comisión que no es permanente; o la realidad de que la imagen no fuera destruida en los sucesos de comienzos de la guerra civil, contrariamente a los símbolos con contenido exclusivamente religioso. Y es que, sin dejar de ser esto para una parte de los triguereños, es un símbolo suprarreligioso, comunitario, para la totalidad de ellos. 

El contraste de funciones y significados no acaba aquí: precisamente en la procesión popular, con toda su carga igualitaria y participativa, es donde se ponía tradicionalmente de manifiesto, y aún hoy en buena parte, el poder económico-social del estrato alto e incluso la competitividad entre los componentes de éste. Es claro que sólo podían distribuir muchos kilos de pan quienes estaban en condiciones de adquirirlo, y sólo podían hacerlos llover sobre las cabezas de la gente quienes tenían planta alta en la vivienda, que por supuesto no eran todos los vecinos. Las “tiradas”, aunque ello no tenga que ser necesariamente la intención consciente de quienes las realizan, señalan claramente una división simbólica que se aproxima a la división social real: la existente entre protagonistas y espectadores, entre quienes pueden repartir y quienes tienen que levantar las manos e incluso disputar para conseguir la dávida. Claro que hoy la participación popular y la evolución de los tiempos han impregnado a este ritual de vertientes lúdicas. Ya no es la necesidad sino el deseo de participación, incluso el acicate, casi deportivo, de conseguir más “trofeos”, más y/o más valiosos artículos en las tiradas, sobre todo por parte de las pandillas de jóvenes, que se han convertido en protagonistas casi al mismo nivel, físico y simbólico, que los propios tiradores. Y son también cada año más numerosos los casos en que varias familias unen sus economías, generalmente modestas, para organizar tiradas en los barrios populares del pueblo, con lo que la exclusiva de protagonismo del estrato alto ya no es una realidad. Y más aún a partir de la proliferación de tiradas desde colegios públicos, o de todos los niños y ancianos que lo deseen desde los balcones del Ayuntamiento. 

Y existe todavía un elemento más en la fiesta, importantísimo, que supone no ya una negación simbólica de las desigualdades sociales sino incluso una inversión, también simbólica desde luego, de los propios protagonismos y del conjunto del orden social. Me refiero al ritual de la “escapá”, un verdadero ritual de rebelión; en el sentido antropológico del concepto. Durante las horas en que el santo está en poder de los mozos, todo lo periférico se convierte en central, todo lo que cotidianamente es subalterno se convierte en dominante. Los jóvenes trabajadores, los barrios alejados del centro del pueblo, son los únicos protagonistas, y el santo, durante ese tiempo, no es ya el símbolo de todo el pueblo sino de los sectores y grupos sociales dominados. Este ritual de apropiación -que históricamente se ha reflejado también en la concesión del carné número uno de socio a Antonio Abad por parte del Círculo Progresista, en 1932, y por el sindicato de obreros local -convierte al santo en la encarnación de un nosotros representado por las clases subordinadas, lo cual equilibra el protagonismo del nosotros compuesto por los poderes institucionales en la procesión de Tercia y la función religiosa. Con esta inversión del nosotros vuelve a restaurarse el carácter comunitario global del símbolo, a la vez que se prolonga ese tiempo ideal igualitario que sólo es posible mientras el patrón esté en la calle, fuera de los recintos sagrados y del control institucional. 

La propia inversión estructural de la apropiación y el protagonismo -la antítesis- concluye en la síntesis, imposible en la realidad social pero posible en la realidad simbólica, de la apoteosis final cuando los escapados, el alcalde y cuantos quieran integrarse, regresan juntos con el santo, al son de alegres músicas, en su mayoría religiosas, entre bailes por sevillanas y ¡vivas!, para dejar finalmente a Antonio en su ermita.
Con lo que concluirá el tiempo mágico, ritual, de la igualdad, hasta que se reinicie de nuevo, el siguiente Enero, cuando los jóvenes agolpados ante la reja del santo reivindiquen una vez más el protagonismo, reafirmando que el símbolo del pueblo pertenece a todo el pueblo y no a una parte: apropiación colectiva del santo que señala el sentido inequívoco de las aspiraciones populares de igualitarismo.

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Economía

Agricultura
Cultivos herbáceos. Año 2006

Cultivos leñosos. Año 2006
Superficie 4.453
Superficie 792
Principal cultivo de regadío Trigo
Principal cultivo de regadío Olivar aceituna de aceite
Principal cultivo de regadío: Has 140
Principal cultivo de regadío: Has 45
Principal cultivo de secano Trigo
Principal cultivo de secano Olivar aceituna de aceite
Principal cultivo de secano: Has 1.864
Principal cultivo de secano: Has 575
Establecimientos con actividad económica. Año 2007
Sin empleo conocido 4
Menos de 5 trabajadores 417
Entre 6 y 19 trabajadores 39
De 20 y más trabajadores 5
Total establecimientos 465
Transportes
Vehículos turismos. 2007 3.573
Autorizaciones de transporte: taxis. 2007 2
Autorizaciones de transporte: mercancías. 2007 69
Autorizaciones de transporte: viajeros. 2007 2
Vehículos matriculados. 2007 309
Vehículos turismos matriculados. 2007 226
Turismo
Restaurantes. 2006 5
Hoteles. 2006 0
Hostales y pensiones. 2006 1
Plazas en hoteles. 2006 0
Plazas en hostales y pensiones. 2006 12

Principales actividades económicas. Año 2007
Sección G: 151 establecimientos
Sección K: 83 establecimientos
Sección F: 67 establecimientos
Sección H: 40 establecimientos
Sección D: 39 establecimientos
Otros indicadores
Inversiones realizadas en nuevas industrias. 2006 2.326.597
Oficinas bancarias. 2007 6
Consumo de energía eléctrica. 2006 18.026
Consumo de energía eléctrica residencial. 2006 9.345
Líneas telefónicas. 2007 1.951
Líneas ADSL en servicio. 2007 833
Renta familiar disponible por habitante. 2003 Entre 8.300 y 9.300
Variación de la renta familiar disponible por habitante. 2003 Entre el 26 % y el 34 %


Hacienda
Presupuesto de las Corporaciones locales. Año 2005
Presupuesto liquidado de ingresos 4.001.210,78
Presupuesto liquidado de gastos 5.413.034,85
Ingresos por habitante 551,13
Gastos por habitante 745,60
Catastro inmobiliario
IBI de naturaleza urbana. Número de recibos. 2006 4.583
IBI de naturaleza rústica. Número titulares catastrales. 2008 1.800
Número de parcelas catastrales: solares. 2007 631
Número de parcelas catastrales: parcelas edificadas. 2007 3.037

IRPF. Año 2005
Número de declaraciones 2.671
Rentas del trabajo 28.190.913,5
Rentas netas en estimación directa 1.471.119,7
Rentas netas en estimación objetiva 1.787.310,6
Otro tipo de rentas 1.830.578,8
Renta neta media declarada 12.460,97
Impuesto de Actividades Económicas. Año 2006
Situaciones de alta en actividades empresariales 606
Situaciones de alta en actividades profesionales 39
Situaciones de alta en actividades artísticas 2

Curiosidades

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¿Fue Trigueros capital de provincia?

El Real Decreto de 30 de noviembre de 1.883, que fijaba la actual división administrativa provincial, fue el resultado transaccional de un proceso complejo que traspasa los límites de lo puramente administrativo. La necesidad de una reorganización de las estructuras del Estado, que traduce ya la constitución gaditana de 1.812, responde, en efecto, a la imperiosa adecuación de las instituciones a las nuevas formas sociales, económicas, políticas…generadas por la crisis de un viejo sistema: el Antiguo Régimen. 

"la vuelta de Fernando VII detuvo los trabajos legislativos"

Los inicios del s. XIX representan, por tanto, un cambio, gradualmente importante para esta zona del país -quizá más trascendente que para otras-, pues por la nueva división administrativa, Huelva deja de pertenecer al Reino de Sevilla para convertirse ex novo en una de las ocho provincias andaluzas. Otra realidad, Andalucía, que frente al Reino de Castilla como imagen de España entera, comienza a gestarse en el transcurso de la crisis.
Con anterioridad, nunca existió una realidad administrativa llamada Huelva. En su lugar, el actual suelo provincial constituía un complejo mosaico jurisdiccional. Junto a los dominios reales (la llamada “Tierra de Sevilla”), es decir, las tierras del norte y mediodía provincial bajo dominio directo de la monarquía, toda la Costa y buena parte del Andévalo y Condado estaban sometidos a la jurisdicción de instituciones o particulares a título de señorío, de forma que casi dos terceras partes del territorio dependieron de estas instancias, convirtiéndose, como han señalado algunos historiadores, en “verdaderos Estados dentro de la monarquía Española”.
La villa de Trigueros, enclavada en el Condado de Niebla, pudo ser el ejemplo de una de las zonas sometidas en un proceso más intenso de señorialismo. Pues los titulares, la Casa de Medinasidonia, vincularon sus posesiones hasta construir, cuando Niebla se extienda hasta tierras gaditanas, uno de los núcleos más importantes e influyentes del país.
Desde fines del s. XVIII, sin embargo, se inicia un proceso profundo de cambio que acabará transformando la tierra señorial en propiedad particular y privada de los señores, uno de cuyos reflejos será la alianza entre esta nobleza y la burguesía agraria. Los antiguos señores se convierten ante todo en propietarios; las antiguas facultades jurídicas, hacendísticas y administrativas que ejercieron son paulatinamente abandonadas, debiendo ser suplantadas por nuevas instituciones: las emanadas por un liberalismo en formación.



En las Cortes de Cádiz ya se tomaba conciencia de la necesidad de “…una división más conveniente del territorio español”, encargándose a don Felipe Bausá su proyecto. Pero la vuelta de Fernando VII detuvo los trabajos legislativos y supuso la postergación de la nueva ordenación. Con la revolución de marzo de 1.820 y la vuelta al poder de los liberales resurge el deseo de una mejor organización del territorio sobre las bases anteriores. De nuevo Bausá con la ayuda del intendente don José Agustín de Larramendi presentaron a las Cortes un proyecto de “Mapa de España dividida en Provincias”, que, tras su aprobación, queda ordenada la aplicación provisional por el Decreto de Cortes de 27 de enero de 1.822. Es entonces cuando por primera vez se contempla nuestra actual provincia, aunque más tarde se modifique el trazado suroriental hasta conseguir los límites conocidos (en este primer ensayo, una línea al sur de Hinojos y con dirección a Torre de la Higuera desmembrada el entrañable ángulo que engloba El Rocío y Doñana en favor de Sevilla).
No obstante, una de las cuestiones más espinosas del plan liberal, la elección de la capital y, en algún sentido, el propio nombre de la provincia, tuvo aquí un curioso planteamiento. Parecía justo pensar que la implantación de la capital provincial significaba la recompensa al más rico legado histórico, a la vez que la apertura segura a un futuro de prosperidad. De ahí la suspicacia y el recelo de los pueblos que se consideraron merecedores de tal galardón: Huelva, Ayamonte, Moguer y Trigueros.
El estudio y la constitución provisional de nuevos Partidos -los actuales Partidos Judiciales-, como la base que pretendía homogeneizar los límites provinciales, abrió la polémica local en torno a que villa debía de ostentar la capitalidad. Fue entonces cuando desde Madrid se decidió constituir un partido con capital en Trigueros que, con nueve poblaciones, incluía la propia Huelva. Y, en efecto, Trigueros llegó a ejercer, aunque con carácter provisional, su nueva capacidad, como lo demuestra, entre otros documentos, el poder que don Eulalio Pérez, Pbro., confiere al procurador de Trigueros don Diego Fernández, otorgado el 24 de marzo de 1.821 en el “…Juzgado de 1ª Instancia de la villa de Trigueros, Capital de este Partido”.
La reacción, fundamentalmente de Huelva, no se hizo esperar. En una serie de escritos a las Cortes y a diversos e influyentes personajes la futura capital reivindicará sus derechos a través de diversos argumentos.
La realidad patente de las ventajas de Huelva se impuso, pues ciertamente Trigueros carecía cuanto menos de la infraestructura urbana para albergar las nuevas necesidades institucionales. Con sus 840 casas, sus calles de trazado irregular y escasamente empedradas, con la excepción de sus tres plazas (la “de San Antonio”, “Carmelitas” y “del Cabildo”), la villa se sumía en el mundo rural. Sus 790 vecinos (en torno a los tres mil quinientos habitantes)estaban dedicados por entero a la agricultura, con una rica producción de trigo, vino y aceite, que se podía complementar con unos hatos de ganado lanar, vacuno, cabrío y de cerda. Por lo demás, un reducido artesanado levanta pequeños hornos alfareros, siguiendo una tradición milenaria. Sus servicios son también deficitarios: una escuela “de instrucción primaria elemental”, sólo para niños (las niñas han de ir a enseñanzas particulares, las famosas “escuelas de amigas”; y un establecimiento de beneficencia anquilosado, el “Hospital de la Caridad”.
En cualquier caso, la vuelta al absolutismo político, en 1.823, dejó arrinconada por otros diez años más la reforma administrativa. La fecunda labor del Trienio fue sustituida por la caduca división de los antiguos reinos has que, como todo un símbolo, la muerte de Fernando VII abriera el camino del fin del legitimismo y la construcción del estado liberal. A partir de entonces, ya sin ningún tipo de discusión, Huelva se alzará con la capital de la provincia a la que da nombre y sus pueblos vecinos aceptaron de buen grado la definitiva resolución.

Artesania

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La alfarería de Trigueros

Trigueros tiene una larga tradición alfarera, si bien esta tradición ha estado vinculada principalmente a las fábricas de tejas y ladrillos, aunque se hacía en pequeña escala las piezas de alfarería doméstica y sólo para cubrir necesidades del pueblo. A este respecto son significativos los datos de los diccionarios de Sebastián Miñano, Pascual Madoz y Geográfico del Movimiento (Trigueros: Industria; muchas fábricas de alfarería y ladrillos..). Es en la actualidad, de los centros alfareros de la zona, el que muestra una mayor antigüedad e importancia y aún en la actualidad sigue siéndolo.

La transformación que ha sufrido esta industria ha sido profunda. Las fábricas de ladrillos y tejas, a menudo con gran número de operarios, se han mantenido hasta casi los años sesenta, si bien la competencia de la producción industrial, y la mayor rigidez en la reglamentación laboral, plantearon problemas a la mayor parte, con lo que la mayoría de los alfares tuvieron que cerrar, quedando muchos alfareros sin trabajo y ocupándose en otros oficios. Al mismo tiempo los que se mantuvieron se restringieron a la producción de piezas domésticas que tanto entonces como ahora tienen más fácil salida. Pero la falta de una tradición dedicada plenamente a la alfarería doméstica se aprecia en que la variedad de formas realizadas es muy escasa (ya algunas de muy moderna introducción). La técnica empleada en el modelado es poco desarrollada. En la práctica, el cuerpo de todas las piezas es parecido, variando sólo su tamaño, la forma de los trazos, las asas y otros aditamentos. Tampoco se realizaban piezas vidriadas, trayéndose los más necesarios, como orzas y lebrillos, de otros sitios, hasta los años cuarenta en que, con la llegada de Antonio Pérez, “El Maestro Bailén”, se empezaron a hacer. Hoy sólo se realizan él y uno de sus discípulos, Antonio Sánchez, desconociendo el resto prácticamente la técnica. 

La situación actual de los alfareros es crítica. En general, en todo el país desaparece la alfarería popular y tradicional de España, a pesar de que en los últimos años hay más demanda de los barros por parte del público nacional y extranjero. 

La antigüedad de los canales de comercialización; la situación precaria del sector en cuanto a asistencia técnica, condiciones de trabajo, falta de incentivos, aislamientos, etc., la introducción en el utillaje doméstico del plástico y otras materias sintéticas hacia este sector de tanto valor cultural hacen, como hemos dicho antes, que la pervivencia de la alfarería sea dudosa.
En Trigueros se está manteniendo a niveles familiares y sobre todo por el cabeza de familia. Las gentes jóvenes no quieren saber nada del oficio; el trabajo es duro y la compensación económica poca. Al no estar encauzada la distribución de la producción en buenos canales de comercialización y no tener las ventas seguras, el riesgo económico es grande. Esta inestabilidad en las ventas que tiene tiempos buenos aunque no tanto, la mayoría produce un rechazo de antemano hacia el sector que va a dejar a Trigueros sin alfares a pesar de que son muchos los vecinos que conocen el oficio y la mayoría jóvenes. 

La forma tradicional de trabajo se está limitando prácticamente a la producción masiva de una reducida variedad de piezas todavía funcionales: cántaros, macetas y dornillos de uso cotidiano en la zona, aunque el cántaro está también a punto de desaparecer. En la Exposición de Alfarería montada por el Ayuntamiento en la última Fiesta de los Toros, de los alfareros que expusieron ninguno tenía ya el cántaro en su producción habitual; sólo hacen el de pinche y muy poco. El vidriado (orzas, lebrillos y jarros) se mantiene por no tener competencia en una amplia zona de mercado y hay un nuevo tipo de piezas alfareras, no tradicionales en cuanto a forma y ornamentación, que tiene cierta aceptación por parte del público comprador. 

Ojalá este artículo lleve a mucha gente el deseo de conocer y comprar las piezas alfareras. Esta sería, a falta de una protección oficial, de una mejor organización entre ellos, etc., la mejor ayuda que pueda dársele. Queremos decir a todos los que se interesen un poco por este arte del tiempo y el espacio que en poco más de un decenio se extinguirá, acabándose con él, los últimos vestigios de un mundo rural, singular y curioso.